La doble moral

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Ha sido la frase más aguda de la semana. Soraya Sáenz de Santamaría, inmejorable portavoz del PP, a quien el embarazo otorga atractivo y, si cabe, una todavía más brillante oratoria, dio en la diana: que Rubalcaba compare los tres trajes del Sr. Camps con los tres mandos policiales procesados en el «Faisán». Hete aquí la doble moral de un PSOE salpicado por otros casos de sospecha delictiva y malversación de caudales públicos. Un buen inventario sobre los gobiernos autonómicos heredados por dirigentes populares, revela hasta qué punto se puede jugar con el dinero de todos y, después, mirar para otro lado.

El linchamiento paralelo es de libro para los socialistas. El partido del Gal, Filesa, Time Export o Ibercorp, no repara en ataques cuando de la oposición se trata. Machacar a Francisco Camps ha sido todo un deporte, mientras ya nadie recuerda las jugosas subvenciones de Manuel Chaves a las empresas de sus niños, o los escándalos de Mercasevilla y los Eres andaluces. La izquierda siempre tiene bula. La derecha solo merece el castigo. Por no hablar de las intrigas judiciales para salvar a unos y penalizar a otros. Ante el enorme desprestigio de la Judicatura y algunas conductas políticas, el ciudadano contempla un espectáculo desolador. Una «tierra quemada», en palabras del nuevo presidente de Cantabria, Ignacio Diego.

Hubo un tiempo en que la cultura del «pelotazo» era una moda. Curiosamente, bajo gobiernos del PSOE. Confundir lo público y lo privado parecía su código genético. Naturalmente, también hay socialistas honrados. Pero otros tiran la piedra y esconden la mano. Sin complejos.