Sinde entra en política en la Seminci de Valladolid

La ministra de Cultura acata la orden del vicepresidente Rubalcaba de que todos los ministros actúen como portavoces y planta a la Seminci para mostrar su desacuerdo con las declaraciones del alcalde de Valladolid, quien ha pedido perdón públicamente, sobre Leire Pajín.

Creíamos que conocíamos el incipiente perfil político de Ángeles González-Sinde: correcto en las formas, difuso en el fondo, al más puro estilo Zapatero. Con su ratificación tras la crisis de Gobierno de esta semana, la cineasta se ha crecido. Tardó apenas unas horas en defenestrar al hasta hace poco «amigo» Ignasi Guardans, una china en su zapato preferido: el cine. Ayer dio muestras de que tiene muy bien aprendida la lección que dice que para sobrevivir hay que adaptarse. Igual que no puso reparos en participar en el taquillazo «Mentiras y gordas», inyectando al guión toda la testosterona necesaria para revolucionar el patio de butacas adolescente, a pesar de proceder del cine de autor, ayer en Valladolid siguió a pies juntillas el mandato del vicepresidente Rubalcaba: un solo Gobierno, quince portavoces. Aplicado a su parcela: hacer sangre al PP y que mane a borbotones por las desafortunadas declaraciones Fernando León de la Riva, alcalde de Valladolid sobre la ahora también ministra Leire Pajín. La ministra de Cultura negó primero el saludo al alcalde y, por la noche, decidió no acudir a la gala de apertura del festival.

A Sinde no le sirvió ni la disculpa del regidor ni de la cúpula del Partido Popular: «El festival y los ciudadanos de Valladolid, que durante tantos años han abarrotado la sala respaldando el cine de autor, no merecen el desaire de la ministra de Cultura». dijo. «Me hubiera encantado acompañar a Banderas –que recibía el galardón de honor de la muestra– y a Icíar Bollaín –cuya película «También la lluvia» abrió el festival–, «pero estuve el viernes reflexionando y creo que hay muchas mujeres y hombres que saben que hay límites que no se deben sobrepasar y menos cuando tienes un cargo de responsabilidad».


Fotos y protocolo
La ministra también recordó que «no es la primera vez que el alcalde cuestiona la profesionalidad de una mujer en un puesto de autoridad». Y añadió: «Hay que hacer el vacío a la falta de respeto a la igualdad, que es muy importante para todos y para el Ministerio de Cultura». La propia Bollaín solicitó al servicio de protocolo de la muestra no coincidir en la alfombra roja con el alcalde. Antonio Banderas, por el contrario, que censuró las declaraciones del regidor, optó por desfilar en la alfombra roja y recoger el galardón que le entregaban: «En la labor política no sólo hay que hacer gestión y administración. Es importante la pedagogía».

Tras el encontronazo, Sinde trató de resolver la jugada política de manera que afectara lo menos posible a los suyos, así que primero saludó al equipo de «También la lluvia», que ya ha visto, y que definió como «una baza inmensa para los Oscar». Después quiso hacerse la foto con Antonio Banderas, pero el equipo de protocolo no debió medir bien los tiempos y, poco después de comenzar la comparecencia ante la Prensa del malagueño, una nube de fotógrafos nos anunció la llegada de la ministra. Como en un «gag» que bien podría incluir en una de sus futuras comedias, Sinde aguantó en la parte trasera de la sala durante más de viente minutos, mientras el actor fetiche de Almodóvar desgranaba sus planes futuros. A su lado, con cara de circunstancias, el que se suponía iba a ser el hombre del día: Carlos Cuadros, flamante director general del Instituto de la Cinematografías y las Artes Audiovisuales (ICAA). Las preguntas cesaron y Sinde, por fin, pudo acercarse al estrado para intentar remediar con afecto el plante nocturno. Pendientes de tal remedio de urgencia estaban Pedro Pérez, presidente de los productores (Fapae) y Gerardo Herrero, otro peso pesado del sector, que acababan de celebrar una cumbre cinematográfica de alto nivel. Por supuesto, en los corrillos, se hablaba de Guardans y su afición por el Twitter, donde ha ido desmintiendo algunas de las peores obras que se le atribuían durante su mandato.

El plante es la muestra de la nueva cara política de González Sinde, aquella mujer que tras ofender a los internautas se sentó con ellos a la misma mesa y les permitió twittear el encuentro; la misma que nadó y guardó la ropa sin poner mala cara a nadie durante la tormenta de Cineastas contra la Orden, entre otras tibiezas.



El detalle
BANDERAS, UN PSICÓPATA CON ALMODÓVAR
Venía Antonio Banderas de rodar hasta la madrugada, pero no pudo estar más lúcido. Con la Espiga de Honor de la Seminci cierra un ciclo, el del exilio en Hollywood: «La última película que rodé en España la presenté aquí y vuelvo cuando ya estoy rodando en mi país de nuevo». ¿Y qué está rodando? «Pedro me va a echar un buen rapapolvo si se entera», advirtió, pero su locuacidad dejó entrever que el guión de «La piel que habito» no lo va a reconocer ni Thierry Jonquet, autor de la novela «Tarántula», en la que está basada. Banderas es un cirujano plástico que venga una ofensa en el quirófano: «Es un psicópata complejo, pero con una imagen exterior magnífica, de esos que sus vecinos dirían en el telediario, tras cometer un crimen, que era una persona increíble». Sobre su reencuentro con Almodóvar: «Ahora se ha vuelto minimalista», afirmó para resaltar que dejó un director barroco y se ha encontrado con alguien que «profundiza más en los conceptos». Más allá de El Deseo, va a rodar con Jean Jacques Annaud y piensa volver a ponerse detrás de la cámara: «Solo» es su próximo proyecto, una cinta española protagonizada por él mismo sobre «un coronel del ejército español con un síndrome traumático importante», que quiere empezar a rodar en septiembre de 2011. Para el año siguiente quedará su vuelta a Broadway con «Zorba, el griego».