Chinchón arte en la mesa y en la plaza

A 45 kilómetros de la capital parece que el tiempo se ha detenido. Sin prisas y sin el incesante sonido del cláxon, una escapada a Chinchón permite al viajero adentrarse en la Plaza Mayor más bonita del mundo, donde todavía hoy se celebra el Festival Taurino Benéfico más antiguo de España 

Chinchón, arte en la mesa y en la plaza
Chinchón, arte en la mesa y en la plaza

Ni Las Ventas, ni La Maestranza... La plaza de toros más bella de España es la de Chinchón o, cuanto menos, la más pintoresca. Aquí, el albero comparte protagonismo con una espectacular balconada que lo arropa, con más de dos siglos de historia y con un horizonte difícil de olvidar: una torre sin iglesia y una iglesia sin torre.
En lo alto de un carromato repleto de tinajas llegó a la localidad madrileña el torero cordobés Frascuelo para lidiar tres toros el 25 de julio de 1863. Pero la tarde acabó mal, pues un astado le corneó. La hospitalidad del tío Tamayo le permitió recuperarse y para «saldar su deuda», Frascuelo creó el Festival Benéfico de Chinchón, un evento que mantiene intacto su valor; no en vano se trata del festival benéfico taurino más antiguo de España, y que celebrará el sábado día 20 su edición 89º.

Aunque la tauromaquia no sea nuestro fuerte, en Chinchón resulta inevitable no dejarse empapar por este mundo. Hasta finales de octubre, para descubrir la ciudad es obligatorio pisar el ruedo, mancharse los zapatos de arena y sortear la barrera. La experiencia no defrauda, ya que la Plaza Mayor resulta, si cabe, más singular y cautivadora. Para exprimir al máximo el jugo de esta estampa, declarada cuarta maravilla material de la Comunidad de Madrid, nada mejor que sentarse en alguna de las terrazas que se cobijan bajo sus soportales y disfrutar de la vista con un vino en la mesa o, ya que estamos, con un anís de Chinchón. Corral de comedias, centro de comercio, espacio de ejecuciones e, incluso, plató de cine, la plaza es el icono indiscutible de la localidad, gracias a sus galerías adinteladas y a sus 234 balcones de madera. Pero la villa es más que su coso. Chinchón también es su anís y, por supuesto, sus ajos, pues todavía resuena en sus callejuelas el tarareo «aquí traigo auténticos ajos de Chinchón», que cantaban los comerciantes hace décadas, mucho antes de que la Denominación de Origen tuviera el prestigio de hoy en día.

Para desgranar el encanto chichonense hay que «patear» sus calles. Rumbo a la parte alta de la ciudad nos topamos con la columna de los franceses, marcada por los disparos que las tropas de Napoleón lanzaron en la Navidad de 1808 y que acabaron con la vida de casi un centenar de vecinos. Pero la ira francesa fue más allá y bajo el grito de «lo que no me pueda llevar, lo voy a quemar», el Mariscal Víctor prendió fuego a la iglesia de Santa María, que se vino abajo, excepto su torre, que aún perdura, esbelta y serena. Ésa es la torre sin iglesia de la que habla el dicho... ¿Y dónde está la iglesia sin torre? Unos pasos más allá, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVII, aparece elegante y airosa, aunque lo mejor está en su interior, donde se esconde un lienzo realizado por Francisco de Goya en 1812 a petición de su hermano Camilo, Capellán de esta parroquia, que representa la «Asunción de la Virgen».
En la plaza de la iglesia, frente al teatro que conserva el telón original del siglo XIX –del que se dice que costó más que el propio coliseo– nos tropezamos con el busto de Francisca, IV Condesa de Chinchón y Virreina del Perú en tiempos de Felipe IV. Cuentan las crónicas que fue ella quien introdujo la quina en España, pues en el Nuevo Mundo cayó enferma, pero milagrosamente se curó con la rayadura de la corteza de este árbol.

Es precisamente desde aquí, desde lo que se conoce como «el balcón de las lagartijas», donde gozamos de una de las mejores panorámicas de la ciudad, con la plaza en el centro, al abrigo de un sinfín de tejados garrapiñados, y las ruinas del castillo de los Condes, del siglo XV y antigua alcoholera al fondo. ¿Quién dijo que Chinchón sólo es su Plaza Mayor?