«A los castellanos y leoneses nos iría mejor si fuéramos capaces de arriesgar más»

Juan Benet propuso que nuestra constitución tuviera un solo artículo: «A todo ciudadano español se le reconoce el derecho a fracasar». Puede que la frase suene a charlotada, pero el significado que encierra es mucho más serio de lo que aparenta.

 
 

«Vivimos un mundo donde las comunicaciones son abiertas y horizontales, donde la confianza ya no reside en verse la cara o darse la mano, sino en responder siempre ante los compromisos».

A sus treinta y dos años, Julia Alvarez Roiz demuestra tener las cosas bastante claras. La joven leonesa ha logrado consolidar un original proyecto que muchos tildaban de utópico, siendo pionera, con su empresa de implantación estatal Ayuda T Ayuda, en la defensa de todos aquellos a quienes su compañía de seguros no ha sabido o no ha querido responder.

«No creas que fue fruto de grandes estudios de mercado. Durante mi labor de consultoría pude comprobar la cantidad de reclamaciones que había de asegurados por incumplimientos a la hora de ser atendidos por los siniestros, especialmente en los casos de accidente por daño corporal. Intuía que el mercado estaba muy desprotegido y no me equivocaba».

En la cultura anglosajona, el protestantismo ha logrado que la ambición sea considerada virtud. Por ello, cuando alguien lo intenta y se la pega, siempre tendrá otra oportunidad para salir hacia delante. El fracaso es parte del aprendizaje. Sin embargo, en nuestra idiosincrasia, marcada por la idea de que el destino es el que crea el carácter, el fracaso no sólo no se perdona, sino que suscita unas cuantas sonrisas de alivio. Pero la realidad, siempre más terca que nuestros prejuicios, acaba imponiéndose:
«Nací en el 78. Los tres primeros años de mi vida los pasé en Oviedo pues mi madre es asturiana, pero siempre hemos vivido en León. De allí me siento, porque es donde viví mi educación sentimenta».

- ¿Tus recuerdos de infancia?
Siendo todavía muy pequeña, nos llevaban a los cuatro hermanos a clase de kárate. Mis padres querían que nos formásemos en el esfuerzo y la disciplina. Todo lo hicimos siempre juntos.

- Llegaste a cinturón negro.
Fue a los veintitrés, estando ya en la universidad…

- ¿Las artes marciales son tu pasión?
Las mujeres no somos de una sola pasión…

- ¿Está entre ellas el kárate…?
Quizá por eso tardé tanto en lograr el cinturón negro. Hubo periodos en los que lo dejé por razones de estudio o por la desgana propia de la edad.

- ¿Sigues practicando?
Mis horarios ya no son flexibles. Me atrae del kárate su disciplina y esa capacidad de despertarte el estoicismo.

- Así que lo tuyo es la disciplina…
Y otro valor esencial: respetar a los demás. La gente está muy equivocada con quienes nos formamos en las artes marciales. La gran enseñanza es que aprendemos a respetar, por encima de todo, y siempre a los demás.

- Quienes te conocen dicen que fuiste una «empollona».
Fui una estudiante normal a la que le daba tiempo para muchas cosas. La época universitaria es la gran oportunidad para formarte, el tiempo da para tanto…

- ¿Tus padres?
Nos inculcaron el amor por la naturaleza, el trabajo y la familia. Han predicado siempre con el ejemplo. Eran los primeros en llegar a trabajar y los últimos en salir, pero no había un solo fin de semana en que no estuviésemos juntos.

- Ambos son médicos...
Quizá por eso, en un primer momento, pensé en hacer medicina, pero la lectura del libro Más grandes que el amor, de Dominique Lapierre, me hizo decidirme por la biología.

- Pero al final optaste por ser empresaria.
La carrera es muy bonita y está muy bien orientada, pero la realidad nos demuestra que en España es poco práctica a la hora de trabajar. Apenas se nos valora.

- ¿La realidad te apartó de tu vocación?
No, continúo estudiando en mis ratos libres, pero llegó un momento en que me percaté de que la investigación no iba a ser lo mío… Tuve claro que mi camino debía ser otro. Pronto comencé a soñar con tener mi propia empresa.

- España rara vez apuesta por la ciencia…
Y me da mucha pena. Tengo muchos amigos biólogos y ni el cinco por ciento de ellos se está dedicando a la investigación.

- ¿Perteneces a esa generación que han dado en llamar «Ni-ni»?
El término es injusto. En todas las generaciones ha habido personas que no estaban dispuestas ni a trabajar ni a estudiar, pero han sido franca minoría. La mía no es excepción.

- Pero es un modelo productivo que, si se apoya con más que palabras, tiene futuro…
No hay más que fijarse en cuáles son los primeros países en cuanto a ciencia: aquellos que tienen el mayor PIB. Es muy triste comprobar cómo en España, que hay muchísimo talento, la gente tiene que marcharse.

Charlamos con esta leonesa en sus oficinas de Ayuda T Ayuda. Licenciada en Biología, su vocación empresarial la lleva a cursar un MBA en el Instituto de Empresa. Tras un año en el departamento de compras del Grupo Quirón, pasó por la consultora sanitaria Mensor y finalmente por PriceWaterhouseCoopers: «Mi experiencia en el Instituto de Empresa fue muy dura, pero enormemente enriquecedora. El MBA está bien enfocado a través de casos prácticos. No es una formación estrictamente teórica, te enseñan todo aquello que luego vas a encontrar en la vida cotidiana».

- Pero no me negarás que la «pelea» es otra cosa…
En el master aún estás entre algodones, pero tomas contacto real y te preparas para la competitividad, eso hace que el choque no sea tan grande.

- Ahora estás en un cargo de responsabilidad...
Cuando diriges una empresa, cada día aprendes algo nuevo. Me atrae la aventura de emprender. Con cada paso hay que ir ajustando el plan de negocio que habías trazado al comienzo… La realidad siempre es compleja.

- ¿De dónde tu inquietud?
En casa de mis padres aprendimos la necesidad de ser emprendedores, trataron de inculcarnos la idea de trabajar por cuenta propia en lugar de por cuenta ajena. Mis primeras experiencias profesionales fueron muy cerca de las compañías de seguros sanitarios, de asistencia y generales. Llegué a la conclusión de que, por lo general, hay servicios que no se prestan adecuadamente…

- ¿Te atreverías a concretar?
La idea es dar cobijo a gente que no se siente protegida por su compañía en el momento de la prestación, especialmente en aquellos casos en que la compañía te mete en un laberinto burocrático. Esto suele darse de manera más habitual en la cobertura legal y en la asistencia sanitaria cuando se trata de siniestros con daños corporales propios o a terceros.

- Vamos, que hay poca seriedad…
Esa no es mi conclusión. Las compañías de seguro garantizan su seriedad. Son muy profesionales y están bastante controladas por la Dirección General de Seguros en cuanto a solvencia de sus reservas. Otra cosa son las promesas de sus comerciales, la letra pequeña y el largo y tortuoso camino de interlocutores con los que se encuentra el asegurado en muchas ocasiones.

- ¿Es muy común?
Hay mucho descontento. La afluencia a nuestros servicios es verdaderamente importante. Gente que siente que no se le está respondiendo. En el caso de esta actividad, el cliente paga por adelantado y luego, a la hora de la verdad, siente que le están regateando prestaciones y que no está adecuadamente apoyado.

- Es el eterno desamparo del ciudadano que paga por adelantado.
El mundo del seguro no tiene otra misión que la confianza. Muchas veces pagan justos por pecadores y en otras ocasiones los propios asegurados desconocen el alcance de sus derechos. Es bastante frecuente encontrar en la misma compañía, cuando uno consigue hablar con la persona competente, que no hay unanimidad entre lo que le dice un tramitador y otro.

- ¿Es lo que justifica la desconfianza hacia lo privado?
Lo que anima en general a optar por la gestión privada es la intención de tener un control de recursos mucho más sostenible.

- ¿Ocurre con la sanidad?
El mercado crece poco a poco hacia la privacidad. Nuestro sistema nacional de salud es uno de los mejores del mundo, lo que ocurre es que ese sentido de gratuidad hace que la gente no valore el gasto que supone demandar ciertas pruebas que son innecesarias. La sanidad pública es tan buena como necesaria, pero tenemos que cambiar la mentalidad para garantizar que siga existiendo.

- Ha sido el mayor logro social de nuestra historia...
Estoy plenamente de acuerdo con ello, pero no olvidemos que el Estado cumple dos funciones muy delicadas. Por una parte, es asegurador y, por la otra, prestador de asistencia. Los políticos suelen caer en sus campañas en «sobre promesas» que el ciudadano asume y somatiza como ciertas. Hace mucha falta educar en la realidad en este sentido, empezando por nuestros políticos.

- ¿La clave es la educación?
Sin duda es una de las más importantes. Por ejemplo, las facturas sombra harían a la gente comprender lo que significa ir al médico y que te hagan una simple radiografía.

- ¿Y la seriedad de Ayuda T Ayuda?
Contamos con un equipo de médicos y abogados con una media de veinte años de experiencia. Además, hemos hecho viable la garantía de que nuestro cliente no debe desembolsar dinero por adelantado, tan sólo paga un pequeño porcentaje, previamente pactado, si recibe su indemnización. Si a eso le sumamos que somos independientes de las aseguradoras, nuestro compromiso queda garantizado.

- ¿Hay que tomar distancia emocional con el cliente?
Hay que llegar hasta un límite, como en cualquier otra dedicación. Una de las cuestiones irrenunciables es la de un trato cercano y personalizado con el cliente. Date cuenta de que acude a nosotros siempre en estado de necesidad…

- A lo largo de nuestra conversación, siempre me hablas de la familia. ¿La involucraste en tu proyecto?
Los cuatro hermanos valoramos detenidamente la garantía de capital y solvencia y, al final, nos atrevimos. Pero, en cuanto a la parte profesional, sólo hemos contado con personas de acreditada experiencia.

- ¿Tiene ventajas asociarse con la familia?
A la hora de los criterios de gestión, la familia no tiene cabida, cada uno somos distintos, tanto en formación como en actitud y aptitud. Sin embargo, hay ese espíritu solidario y de identificación con el proyecto que les hace ser buenos administradores y no entrar en la gestión profesional.

- ¿Os habéis repartido las competencias?
Las responsabilidades están en los profesionales, pero, a la hora de aportar, puntos de vista, cada uno lo hace en el ámbito en que se siente competente. Aquel que tiene mayor prelación comercial, por ejemplo, aporta esa visión con mayor autoridad. Sin embargo, a la hora de tomar decisiones, o se toman por consenso o por razón de la responsabilidad asignada en el organigrama. Creo que hemos formado un buen equipo.

- ¿Cuesta que los demás comprendan tus decisiones?
Cuando las decisiones no se toman a la ligera, siempre son por el bien de la empresa.

- ¿Has desbrozado el enredo entre ambición y codicia?
La ambición nada tiene que ver con el dinero. Se trata de saber cada día más, de conocerse mejor a una misma y sus posibilidades. En cuanto a la codicia, descartada, pues no estoy en esto por el dinero.

- Me resulta inquietante que todos los empresarios soléis decir lo mismo…
Hay empresarios serios y menos serios. Yo ingresaba bastante más dinero en mi nómina cuando trabajaba en otras empresas por cuenta ajena. Lo que ocurre es que en tu propia empresa te mueve realizarte a ti misma, hacer las cosas como tú piensas.

- Acabaré creyéndote…
Me hace mucha ilusión ver cómo va creciendo la empresa. Empezamos en Madrid y en León y la cosa cada vez va a mejor. Ahora ya tenemos tres delegaciones y proyectamos, en breve, dos nuevas.

- Me hace gracia lo de comenzar simultáneamente por Madrid y León…
Yo lo siento como un motivo de orgullo. León es mi tierra, se trata de la ciudad donde me formé en todos los sentidos. Ahora que voy todas las semanas por trabajo, me da pena ver lo parado que está todo por allí…

- ¿Faltan iniciativas?
Es complicado achacarlo a un solo factor. Ves a mucha gente joven que ha estudiado y que tiene que irse de su ciudad por falta de oportunidades. En León, somos muy de la tierra y la emigración se hace más dolorosa. Pero nos iría mejor si fuéramos capaces de arriesgar más.
- Tu trabajo, por lo que tiene de servicio, debe de ser muy absorbente…
Los lunes suelo ir a yoga, una técnica estupenda para no darle más vueltas de las necesarias a la cabeza.

- ¿Merece la pena?
Desde que estoy con la empresa duermo menos, pero es un precio razonable para un desafío tan importante.

- ¿Quiénes están más cerca entienden tanto sacrificio?
Querer es poder, no queda otra...
Julia Álvarez no lo duda: una empresa es una suma de esfuerzos. En eso consiste, sí. Simpática y atenta, con un punto de escepticismo, está ilusionada. En otras palabras, así es como se camina hacia el futuro: no gana el más fuerte, sino el que mejor se adapta. Es la realidad.