Adieu monsieur por El canapero

Aunque Bruno Delaye se despedirá oficialmente en diez días, el 140º aniversario de Dupont ya sonó a despedida

En diez días se despide. Y el rumor de que aquello dejará de ser una casa de puertas abiertas aumenta. Hollande envía a Bruno Delaye a Brasil y deja huérfana a la embajada de Madrid que más y mejores eventos sociales ha vivido. Por eso, quien más quien menos intentaba apurar en los jardines de la Residencia de Francia por si acaso no volvía a pisar. Otras aprovecharan el 140º de Dupont –la firma de encendedores que cautivó con un bolso con compartimento especial de joyas para Audry Herpburn y mimó Humphrey Bogart con otro de viaje– para despedirse con antelación, como hizo a la baronesa Thyssen, impecable con su collar de esmeraldas y brillantes. Competía en lujo sobre los hombros Cuqui Fierro, escoltada del coche a la embajada –y de la embajada al interior del coche– por David Meca. Más eclécticas, las Dover, que parecen estar sometidas en plena operación biquini otoñal de la mano de Mario Vaquerizo; o Elena Tablada madre, que reconoce que su hija «no es la alegría de la huerta». En las antípodas, Beatriz de Orleans, que además es visionaria. Hace unos meses le dijo a El Canapero que los empresarios franceses huían despavoridos del nuevo presidente de la República. Cuando Bernard Arnault, propietario de LVHM, anunció que se nacionalizaba belga, uno pensó en pedirle a Beatriz consejo sobre inversiones bursátiles. Pero no tiene tiempo. Esta misma semana se ha hecho las Américas para dar una conferencia sobre Luis XVI. Ella, que es la diplomacia en persona, bien podría ser la nueva embajadora oficialde los galos, como lo fue de Dior. Lástima que mande Hollande.