Sangre de cristianos en el Congreso

Con retraso, pero con trágica rotundidad, la sangre de los cristianos egipcios asesinados en Navidad en Alejandría llegó ayer al pleno del Congreso de los Diputados.

Un grupo de cristianas llora tras una misa en Alejandría por la masacre que se produjo el pasado 2 de enero
Un grupo de cristianas llora tras una misa en Alejandría por la masacre que se produjo el pasado 2 de enero

«A raíz de ese atentado, tanto la canciller Merkel, en Alemania, como el presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, condenaron pública y enérgicamente los ataques y exigieron personalmente al entonces presidente Mubarak una protección eficaz para los cristianos egipcios», recordó el diputado del PP Jorge Moragas, responsable de Política Internacional. Por el contrario, «en el palacio de La Moncloa sólo se escuchaba un silencio alejado del sentir del pueblo español y europeo», un silencio, dijo, «atronador».

La ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, respondió que «el Gobierno ha condenado de forma reiterada y firme los atentados contra las minorías cristianas en Bagdad y Alejandría», pero no especificó cuándo ni cómo, por lo que Moragas insistió: «¿Me va a confirmar que el presidente del Gobierno llamó a Mubarak para expresar su condena, o que usted llamó a su homólogo egipcio?». La ministra no respondió, y se remitió sólo a un documento unánime del Senado en diciembre, anterior a la masacre egipcia. También elogió la Alianza de Civilizaciones, concretada en un seminario sobre minorías cristianas «que tengo previsto realizar con mi colega Franco Frattini el próximo mes de mayo». Pero Moragas se mostró más exigente: «Lo que me interesa es que de esta cámara surja la semana que viene, primero, una condena expresa de la persecución de las minorías cristianas en el mundo y, segundo, un compromiso mayoritario para luchar contra esa persecución con acciones concretas». Se refería a una moción que presentará el parlamentario popular y vicepresidente del Congreso Jorge Fernández Díaz.

Moragas también lamentó que en diciembre el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea se negase a aprobar un documento sobre la persecución a los cristianos, y recordó una declaración del ministro Frattini a «La Stampa»: «España lideró el bloqueo». La ministra española respondió que «España se opuso por una cuestión de forma, de mal uso del procedimiento, ni siquiera entramos a debatir el fondo».

Mientras Europa debate «cuestiones de forma», la situación de los cristianos en el mundo es más que complicada y Moragas quiso recordar las cifras «escalofriantes»: 150.000 cristianos asesinados al año por odio religioso, 200 millones bajo amenazas de muerte, agresión o prisión, 350 millones discriminados social o laboralmente...

No al lenguaje blando

Moragas afirmó que «la libertad religiosa es garantía de paz» (citando, sin decirlo, el mensaje del Papa del 1 de enero), que «España debe estar en primera línea» en la defensa de los derechos humanos y que «el lenguaje blando siempre será interpretado por los enemigos de la libertad como una decadente señal de debilidad». Ante los cambios en Oriente, pidió «que el Gobierno español y la Unión Europea hagan una defensa inteligente, eficaz y clara de la libertad religiosa en el nuevo Egipto que está por formarse», donde, aseguró, «se están sentando las bases de lo que podría ser un modelo democrático en el mundo islámico».