El paraíso puede no estar en Trinidad

La Razón
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San Cristóbal y Nieves (Saint kitts Nevis, si lo prefieren en inglés) es uno de tantos archipiélagos caribeños por los que pasó Colón y que los británicos se fueron quedando como quien recoge migas del suelo. Con la inmensidad continental por delante, esas dos islas, que juntas no llegan a la extensión de nuestra isla del Hierro, apenas recibieron atención del Consejo de Indias. Una lástima, porque su paisaje reúne todos los tópicos de unas vacaciones en el mar y siempre da un póster agradecido. Hoy es un país independiente –el más pequeño de América– y lo pueblan 46.000 almas, en su mayoría descendiente de esclavos africanos, que hablan inglés criollo y viven del turismo, la caña de azúcar y las emisiones filatélicas. Mejor dicho, vivían del turismo, la caña y los sellos. Dos huracanes seguidos –1998 y 1999–, partieron su espinazo económico que apenas pudo recuperarse montando componentes electrónicos y cosiendo camisas de marca, siempre a bajo precio.

San Cristóbal y Nieves no escapa, por lo tanto, a ninguna de las trivialidades del Caribe anglosajón y, como Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Jamaica, Guyana y Santa Lucía, la ONU siempre la incluye en los primeros puestos de los países con mayor tasa de homicidios. En 2008, registraron un pico de 24 asesinatos, que para un «pueblo» de 42.000 habitantes no está nada mal. Al año siguiente, dispuestos a atajar la ola de crímenes, desempolvaron la horca (en el Caribe anglosajón persiste la pena de muerte) y colgaron a un tal Charles Laplace, que había apuñalado a su mujer. Otros siete homicidas aguardan su turno, pero parece que las duras sentencias no sirven de escarmiento: hay fines de semana con tres o cuatro muertos por la violencia, y la asociación de comerciantes, que ven esfumarse los cruceros turísticos, reclaman al Gobierno que pida ayuda internacional.

El panorama es similar en toda el área. Trinidad y Tobago, situada frente a las costas de Venezuela, registra tasas de 43 homicidios por cada cien mil habitantes, ampliamente superadas por Jamaica, con un índice de 60 por cien mil. Como datos comparativos, Honduras, el país más peligroso del mundo, sufre 80 homicidios por cada cien mil habitantes; y España no llega al 1 por cien mil.

El último informe de la ONU, que acaba de hacerse público, incide en lo sabido: violencia estructural, administración de Justicia inadecuada, corrupción, pandillerismo, narcotráfico, machismo, alcohol... y advierte que la situación ancla las posibilidades de desarrollo.

Todo este largo preámbulo sobre la situación en San Cristóbal y Nieves tiene un objeto: que el presidente venezolano, Hugo Chávez, no piense que formamos parte de esa conspiración internacional organizada por la burguesía de su país que, según su último discurso, de ayer mismo, tiene mucho dinero y poder en los medios de comunicación de Venezuela y del mundo:«Van a mover agentes encubiertos por todos lados; van a jugar al miedo, la estrategia del miedo; van a jugar al desconcierto, van a jugar al engaño».

Aclarado que no somos agentes encubiertos de la burguesía, aquí van los datos del último informe del Observatorio Venezolano de la Violencia, organismo respaldado por las principales universidades del país y, año tras año, vilipendiado por el Gobierno bolivariano: en 2011, se registraron 17.336 asesinatos en Venezuela (otras 4.000 muertes violentas no han sido aún tipificadas). La cifra nos dice que el país que dirige Chávez ha superado la tasa de 60 homicidios por cien mil habitantes, con el agravante de que la capital, Caracas, es ya la más peligrosa del mundo con 230 homicidios por cien mil.

Desde que don Hugo llegó al poder en 1999, han muerto violentamente más de 155.000 venezolanos. Son cifras que no se dan ni siquiera en países en guerra y que reflejan una sociedad en vías de descomposición.

Duro trabajo le espera al candidato opositor Henrique Capriles. Que tenga suerte.



Carla Bruni, al rescate de un candidato en horas bajas
Las encuestas, tozudas, colocan a Nicolas Sarkozy por detrás de su rival socialista, François Hollande. Pero no es una diferencia insalvable, sobre todo si ambos pasan a segunda vuelta y el voto de Le Pen vuelve al redil. Va a ser una campaña dura y nada se deja al azar. Por ejemplo, el cartel que reproducimos sobre estas líneas. El lema, una variación del que usó Giscard d´Estaing cuando perdió frente a Mitterrand, ha sido idea del equipo personal del presidente y candidato. Pero el retrato ha sido cosa de su esposa, Carla Bruni, que ha recurrido a los contactos de su asistente personal y representante artística Veronica Rampazzo. Eligió a un fotógrafo, Nicolás Guerín, de larga trayectoria y muy conocido por su serie de retratos de actores de cine ya maduritos: Eastwood, Nolte o Dafoe. Les mejora, y mucho.



Y, además, un creído
El próximo martes, Dominique Strauss-Kahn, DSK para los amigos, vuelve al juzgado. Está vez declarará por su participación en una red de prostitución de lujo que ya se ha llevado por delante a empresarios, políticos y policías. Un clásico: sexo a cambio de favores. El abogado de DSK ha preparado una línea de defensa «impecable»: su cliente reconoce haber participado en orgías subidas de tono en hoteles de Nueva York , pero ignoraba que las señoritas fueran de pago. Es lo que tiene ser tan guapo.