México

México abre una nueva era

Los mexicanos dejan atrás los doce años de PAN con la esperanza de acabar con la violencia del narcotráfico

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El candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, ganó las elecciones presidenciales de México, de acuerdo con una muestra de actas de votación elaborada por el Instituto Federal Electoral (IFE), el órgano rector de los comicios.
Según esta muestra de cerca de 7.500 actas, Peña Nieto obtuvo entre el 37,93 y el 38,55 por ciento de los votos, anunció el presidente del IFE, Leonardo Valdés, en un mensaje por cadena nacional. De acuerdo con esos datos, el aspirante de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador, obtuvo entre el 30,9 y el 31,86 por ciento de los sufragios.


En tercer lugar quedó la candidata del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vázquez Mota, que logró entre el 25,10 y el 26,03 por ciento.
En último lugar figura el aspirante del Partido Nueva Alianza (Panal), Gabriel Quadri, con entre 2,27-2,57 por ciento de los votos. Estos datos fueron tomados de las actas de 7.597 mesas electorales de las cerca de 143.000 que fueron instaladas en todo el país.

En cualquier caso fue un voto con sabor agridulce como bien expresaban algunas papeletas repartidas durante la jornada, en las que podía leerse: "ya probamos algo nuevo y nos fue peor". Es la atracción que ejerce el PRI, un partido paradójico, que de la mano de Enrique Peña Nieto, podría recibir una segunda oportunidad para redimirse de sus pecados.

Tampoco podrá olvidar los votos de la izquierda. El líder del PRD, López Obrador, hizo una envidiable campaña, acortando distancias, aupado por los movimientos estudiantiles.
Con un discurso sobrio, alejado de las alianzas chavistas y el populismo, sedujo a la clase media y a los más pobres. La capital se rindió a sus pies, sus seguidores ocuparon el Zócalo, la principal plaza del DF, y las camisetas amarillas características del PRD, fueron mayoritarias en los colegios electorales del centro.

Una señora de unos 70 años, esperaba ayer con gesto paciente la larga fila para votar en el colegio americano. A su lado un organillero toca las mañanitas con su cilindro de cuerda. «AMLO –como se conoce a Obrador– fue el primero que nos dio la tarjeta para recibir una ayuda a los más mayores, y lo hizo con amor, por eso lo llamamos AMLOVE», nos comenta esta mujer.

El todopoderoso PRI
Pero el PRI es mucho PRI. Impulsado por la aceitada maquinaria de la tricolor que se extiende por todo el país y arropado por el principal medio del país, Televisa, Peña Nieto se mostró siempre a la cabeza en las mediciones. Un líder con claroscuros, salpicado por escándalos de corrupción durante su era como gobernador.

En los especiales electorales que se emitieron ayer en las principales cadenas, muchos analistas coincidían en la misma idea: el electorado parece estar dispuesto a asumir ciertos niveles "tolerables"de corrupción a cambio de menos violencia y menos pobreza. Sin embargo la vuelta del PRI no ha sido un camino fácil ni corto.

En 1980 el escritor mexicano Octavio Paz dijo en su ensayo «El ogro filantrópico» que el Estado creado por el PRI era un amo sin rostro que obraba sobre la población no como un demonio, sino como una máquina. En México, el priísmo es sinónimo de corrupción, abusos y autoritarismo, pero así y todo ayer parecía el mejor posicionado para ganar las elecciones.

«Después de perder la Presidencia, el PRI lo que hizo fue fortalecer sus enclaves territoriales, cosa que hizo mejor que el PAN y el PRD», afirma el columnista del diario «La Jornada», Jaime Martínez. Pero hay otro hecho que explica por qué el PRI es el favorito.

«Aunque a un segmento de la población pueda no gustarle el regreso del PRI, todo esto palidece frente a la guerra sin fin contra el crimen organizado», sostiene Martínez. En la calle y en las conversaciones de los mexicanos se advierte que si bien no hay una nostalgia por la época del PRI, sí se piensa que en esa era todo estaba más tranquilo. «Cuando el PRI perdió la presidencia en 2000 quedó claro que la corrupción no era exclusiva de este partido. La diferencia es que la percepción fue: ‘‘El PAN roba, pero no deja robar''», afirma un hombre de unos 40 años que espera a votar en el barrio de la Condesa.

Y añade: «En 2000 muchos votaron por el PAN de Fox a manera de castigo contra el PRI, pero el priísmo sigue siendo inmensamente influyente pese a que detrás del partido estén dinosaurios como Carlos Salinas de Gortari», matiza. Ahora, Peña Nieto tendrá seis años para demostrar si como él dice "el PRI ha aprendido de sus errores".

 

Las urnas más vigiladas
Además de muy vigiladas, estas elecciones serán las más controladas de la historia de México, con un sistema de cómputo modernizado, unos 700 observadores internacionales, un millón de ciudadanos designados por las autoridades electorales, y representantes de los partidos en el 99,9% de las mesas. Se trata de alejar el fantasma del fraude que tantas veces ha sobrevolado sobre México desde los tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas. Y es que aunque los cinco candidatos firmaron un acuerdo según el cual se comprometían a respetar los resultados, pocos confían en que el candidato de la izquierda, López Obrador, no denuncie irregularidades si pierde. Así ocurrió en las pasadas elecciones.