El regreso de Guillermo Tell por Julián Redondo

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El «As» ha lanzado al estrellato a Christian Constantin, el presidente del Sion, el Guillermo Tell del siglo XXI. Helen le adora; es una idealista que eleva a los altares a cualquiera que lucha contra el poder establecido. Constantin ha retado a la FIFA y a la UEFA, pero ha colocado una manzana en la cabeza de su equipo y, que no lo dude, no siempre dará en el blanco. «De no ser por Harry, el jueves le habría pedido una cita, ¡qué hombre! ¿Sabes –me dice con la mirada encendida– que ha llamado incompetentes a Blatter y a Platini y afirma que el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) es un organismo parcial manejado por el dinero de la FIFA, que en Zúrich y Neuchatel contrata abogados sin experiencia, a quienes adoctrina con un máster y los contrata después a razón de 10.000 euros mensuales? Christian asegura que el TAS trafica con la justicia». No sé qué me molesta más, si el coqueteo figurado con el rey de Sion o la fe que le profesa. Helen no analiza, siente. No repara en que una vez que Constantin entre por la puerta de atrás en la Europa Liga terminará dorando la píldora a Platini. Si no fuera por lo guapa que se pone cuando se enfada, porque tiene unas piernas más largas que Adriana Skleranikova y porque le sienta una camiseta del Atleti que la he prestado para dormir mejor que a Falcao, la mandaba de vuelta a casa. También lo hago por Harry, que es muy celoso y que me ha confiado a su señora sin que ella lo sepa, aunque lo intuye. Y se aprovecha, de él y de mí. Lo único que impide a Helen echarse en brazos de Constantin es que Javier Tebas le apoya. Por ahí no pasa.