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Europa apuesta por la austeridad ante el riesgo de una segunda recesión

El pasado mes de mayo, el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, mostró un moderado optimismo durante la presentación de las últimas perspectivas económicas, porque la recuperación se adivinaba entonces «sólida» para la zona euro. Cuando presente las nuevas perspectivas este próximo jueves, la tonadilla será muy diferente.

La presidenta del FMI, Christine Largarde
La presidenta del FMI, Christine Largardelarazon

Como cuenta una fuente diplomática que ha vivido la crisis desde la primera línea, y que pide el anonimato, encaramos seguramente las semanas más difíciles desde que arrancó el proceso de salida de la Gran Recesión.

A la incapacidad de los líderes europeos para atajar la crisis griega, y su ingenuidad respecto al esfuerzo de Atenas para aplicar el draconiano plan de austeridad, se ha sumado el empeoramiento de la situación económica global. Tanto que el lobo de una recaída en la recesión empieza a asomar las orejas. Las señales de alarma se han encendido en el sector industrial, mientras en el campo financiero el crédito continúa sin fluir y la amenaza de una quiebra controlada griega gana enteros.

Ante este cuadro clínico tan grave, los europeos ya no están dispuestos a tirar de botica. Si tras la caída de Lehman Brothers hace tres años Europa gastó un 13% del PIB para reflotar su sector financiero, y atemperar así el golpetazo de la economía real, esta vez los estímulos se quedarán en el trastero. Como quien impone dieta a una persona anoréxica, la prioridad sigue siendo la austeridad, como insiste Alemania, y corea la Comisión Europea. «No todos los Estados miembros tienen el mismo margen de maniobra para actuar», recuerda el portavoz comunitario, Amadeu Altafaj. O, evitando los trapos calientes, como dijo la presidenta del FMI, Christine Lagarde, la pólvora se ha acabado para relanzar por segunda vez las economías en Europa. Así, mientras en EE UU Barack Obama ha presentado un ambicioso plan por el empleo de 322.000 millones de euros, y su Reserva Federal probablemente lanzará una tercera ronda de estímulo monetario, Europa se prepara para unas semanas a la intemperie, y con un BCE cada vez con menos apetito para salir al rescate con compra de deuda soberana. La esperanza a este lado está puesta en la aprobación, esperada para finales de este mes, de la reforma del Fondo de Rescate europeo, que inyectaría algo de oxígeno a través de las compras de bonos de los países en apuros o los créditos preventivos.
Pero un mes, en esta crisis, es demasiado tiempo.


Banderas a media asta

El empeoramiento de la crisis y la falta de avance en la recuperación de la sostenibilidad financiera de Grecia han disparado no sólo temores entre políticos y funcionarios. También la creatividad de algunos de ellos. Así, mientras desde algunos países, sobre todo Holanda y Alemania, empiezan a sugerir que la mejor solución para el drama griego sería la salida del país del euro, otros piden más integración como solución, con la creación de un Tesoro europeo que emita eurobonos. En tierra de nadie se quedan ideas como que ondeen a media asta las banderas de los socios del euro que no cumplan con las reglas de disciplina fiscal, a modo de picota medieval. Una idea de la que se hizo eco esta semana el comisario alemán, Günter Oettinger. ¿Será la próxima propuesta de Berlín?