El árbitro por Jorge Urosa

La Razón
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Nuestro flamante ministro de Justicia ha decidido intentar pasar desapercibido, ha comprendido que con la que está cayendo si nadie se acuerda de un ministro, pues mejor. Dado que no hay dinero para reformas megalómanas, que son las que le gustan a Gallardón, prefiere que ni se le nombre. Siempre ha temido a la turba pseudo-intelectual de izquierdas y se ha cuidado muy mucho de darle motivos para que le critique y esto no va a cambiar con su nueva responsabilidad, aunque eso signifique ignorar a víctimas de delitos terribles, como Sandra Palo o Marta del Castillo.
Acaba de salir de la cárcel el último de los menores que participaron en la violación, asesinato y quema de Sandra Palo y lo hace sin antecedentes y sin vigilancia, a pesar de los informes negativos de la Comunidad de Madrid redactados con la colaboración de Instituciones Penitenciarias que le califica como «disocial». Uno no entiende muy bien para qué se piden informes si luego sus señorías hacen lo que les viene en gana. Pero aún entiende menos cómo al ministro se le han olvidado tan pronto sus compromisos con la cadena perpetua revisable y la reforma de la ley del menor que todas las víctimas reclaman. Es una burla absurda que para este tipo de delitos la sociedad no tenga mecanismos efectivos de protección. Como ciudadano no me tranquiliza que alguien como el asesino de Sandra esté en la calle y sin vigilancia. Esperemos que la pasividad de Don Alberto no tenga que ver con la valoración de los ministros, y sí con una reflexión profunda sobre una reforma necesaria.