Sanidad nos guía con el sexo por Sergio ALONSO

Sanidad nos guía con el sexo, por Sergio ALONSO
Sanidad nos guía con el sexo, por Sergio ALONSO

Ya no habla de «criaturas» para referirse a los bebés, ni ensalza las virtudes del «cibersexo». El Ministerio de la recién llegada Leire Pajín tuvo buen criterio y no le dolieron prendas a la hora de eliminar tales naderías. Pese a ello, la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva que pasó el lunes por el Consejo Interterritorial es mala, muy mala. Al menos, en la primera de las partes, la del sexo. Mala, porque abre la puerta a la financiación pública de los anticonceptivos, cuyos laboratorios productores vendieron el pasado año la friolera de 18,7 millones de envases por un importe de 292 millones de euros en precio de venta al público.


¿Puede permitirse una Sanidad en quiebra como la española un lujo semejante en momentos como éste? ¿Hay dinero para ello? ¿Ha calculado el Ministerio cuánto se disparará el consumo con una iniciativa de este tipo, y cuánto aumentará el agujero de las arcas públicas? Hasta el propio Llamazares lo cifró en cien millones anuales, aunque podría tratarse de algo más, según los productos que entren en el lote. La estrategia es mala también porque se zambulle en pantanosas cuestiones ideológicas que al Estado no le compete juzgar, interviniendo una vez más en la esfera privada del individuo y en su libertad. En este caso, la relativa a practicar sexo con fines reproductivos o sin ellos. ¿Quiénes son los responsables ministeriales para decirle a la gente lo que pueden hacer en la cama?


Las injerencias de este Ministerio empiezan a ser insultantes: trataron de hacerlo con el alcohol; han vuelto a la carga con el tabaco, siguieron con los bollos escolares y la toman ahora con las artes amatorias. Mientras tanto, cinco millones de parados aguardan un empleo.