Miedo ciudadano

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Un juez muy discreto y riguroso. Eso dicen sus compañeros del magistrado Juan Ruz, sustituto en la Audiencia Nacional de Baltasar Garzón. Su auto de prohibición del homenaje a la etarra Laura Riera así lo demuestra. En la nueva estrategia de violencia y exaltaciones callejeras, ETA necesita enfrente un Poder Judicial valiente, sin complejos, que instruya los sumarios con estricto cumplimiento de la Ley. Las directivas de la banda no pueden ampararse en ningún derecho de manifestación.
Los sabotajes proetarras en medio de las fiestas populares, ya sea en Gracia, San Sebastián o Bilbao, tienen un claro objetivo: amedrentar, asustar al ciudadano. No es la primera vez que lo hacen, máxime cuando su aparato militar queda mermado por las últimas detenciones. ETA quiere hacerse presente a través de las «kales borrokas» y reventar el sano esparcimiento de las gentes de bien. La utilización de ese tipo de violencia forma parte de la sanguinaria doctrina terrorista. Tomar la calle ante la ofensiva policial y jurídica.
El brazo político de la banda, el núcleo duro abertzale, quiere forzar la máquina para retornar a las instituciones. Su presencia en ayuntamientos y diputaciones es esencial para mantener la presión hacia un nuevo proceso negociador, no disminuir el ánimo de los presos y yugular tentaciones democráticas.
Mientras ciudadanos catalanes y vascos festejan sus tradiciones, ETA desea quebrar la calma. Es su vieja teoría de alentar un miedo que, cada vez, le da más la espalda.