Euroliga

El Barça está donde debe

Ricky lideró a un equipo que no se vio inquietado por el CSKA 

Los jugadores del BArça celebran la victoria
Los jugadores del BArça celebran la victoria

El mejor equipo de Europa disputará la final de la Euroliga. Así de sencillo. El Barça está en su sitio, donde debe. La superioridad que los azulgrana están mostrando desde octubre también se hizo patente ante el CSKA. Lo hizo de un modo que, presuntamente, no era el ideal para sus intereses. A los rusos no les quedaba más remedio que apostar por un partido trabado, un baloncesto rácano que cortocircuitara a los barcelonistas. Ni por ésas. Los tanteos bajos eran una de las pocas formas de hacer cosquillas al Barça. Hasta ayer. Ganó anotando 64 puntos. Su mérito estuvo en el trabajo atrás. Los de Pashutin se quedaron en 54, su anotación más baja de la temporada. Cuando el equipo se adaptó a las circunstancias propuestas por los moscovitas, la semifinal fue monocolor. El CSKA nunca ofreció la sensación de ir más allá.

 

Y eso que estuvo cerca, más cer- ca de lo que realmente parecía incluso bien entrado el último cuarto. A poco más de cinco minutos para el final se había agarrado al partido (49-46) por la experiencia y el talante competitivo de alguno de sus jugadores. Pero era una sensación irreal, el marcador reflejaba menos distancia de la que había en la cancha. Fue un arreón sin la consistencia necesaria. Los triples de Langdon y la resurrección de Siskauskas llevaron al CSKA a creer en algo. Pero no tenía nada que ver con la exhibición protagonizada por el alero lituano la temporada pasada cuando anotó 18 puntos en el último cuarto que acabaron con el Barça. Esta vez el partido estaba en manos de Ricky Rubio. El base tardó un cuarto en resolver las ecuaciones que planteaba el CSKA. Ricky está en su primera «Final Four» y pagó la novatada durante diez minutos. Apareció maniatado, como el resto del equipo salvo Mickeal, pero cuando empezó a soltarse el Barça empezó a reconocerse. Lo hizo sin la fluidez de otras ocasiones. Con malos porcentajes de tiro y con ataques sin fluidez, quedaba el trabajo atrás. Ahí es donde no hay ningún equipo como el Barça. Su combinación de talento y esfuerzo defensivo forma una combinación explosiva. Es devastador para los rivales. Mucha actividad, demasiados espacios ocupados, muy pocas líneas de pase... Un agobio. Cada ataque se convierte en un enigma. Al descanso sólo había admitido 21 puntos. El CSKA comprobó que el Barça se había adaptado a su propuesta.

 

Los rusos intentaron cambiar los planes. Fue un error. Admitieron el intercambio de canastas durante el tercer cuarto y, ante ese panorama, el Barcelona se encuentra más cómodo. El CSKA se apoyaba en sus dos aleros. No ha- bía nadie más que aportase. Entre los de Xavi Pascual había muchos jugadores que sumaban. Con sie- te activos, el Barça es inabordable. No hace falta que nadie se encuentre muy inspirado. No son necesarias las exhibiciones de Na- varro. Basta con que determinados detalles aparezcan. Que si un pase de Ricky para que vuele Vázquez; que si un oportuno triple de Navarro; que si otro de Ricky; que si otro de Lorbek; que si Fran Vázquez intimida... Y lo que era un partido con algún interrogante se convirtió en un final plácido, en la ventaja más amplia para el Barça (62-51, min 39). Parece sencillo, pero detrás de esa resolución del partido hay un equipo con un cuajo que hace pensar en el futuro campeón de Europa. Con un partido a 60 puntos, con uno a campo abierto, con lo que sea... Pashutin, el técnico ruso, fue el más sensato de todos tras la derrota: «No tenemos las armas suficientes para derrotar al Barcelona». La victoria azulgrana es la constatación de que el Barça está a otro nivel y Ricky, más todavía, a pesar de los nervios que pasó Joan Laporta a pie de pista. El presidente seguro que lo pasa peor hoy con lo que suceda en Sevilla. En París, la segunda Copa de Europa de la sección de baloncesto espera.

 

Primera final desde 2003

 

El Regal Barça disputará mañana la primera final desde que se alzara con su primer título en el Palau Sant Jordi en 2003, el único que luce en sus vitrinas. Será la séptima final de la máxima competición continental para los azulgrana, la sexta desde que se juega bajo el formato de «Final Four». La primera fue en 1984 ante el Banco di Roma de Larry Wright en Ginebra. El Barça intentará romper la maldición que le persigue en París, donde ha jugado tres «Final Four» y ha llegado a la final en todas, sin ningún título, de momento. Una victoria en la final de mañana serviría para cerrar por completo la herida que dejó el tapón ilegal de Vrankovic sobre Montero en 1996 y que privó a los azulgrana de levantar la que por entonces hubiera sido su primera Copa de Europa.