Los diseñadores se lanzan al mundo submarino

Un hotel de lujo en Dubai y un submarino con un bar de diseño en su interior, las nuevas tendencias con las que conquistar nuevos entornos.

El fondo marino parece ser el nuevo objeto de deseo de los diseñadores. Un espacio por conquistar en el que, entre otros, se han fijado dos llamativos proyectos a sabiendas de que constituirán un buen reclamo publicitario.

Así lo han estimado en el caso del «Water Discus Underwater Hotel», que será construido por la empresa «Deep Ocean Technology», en Dubai. Discos futuristas muy similares a la nave «Enterprise» de la serie «Star Trek» para conquistar las profundidades del Golfo Pérsico. Un disco estará por encima del agua y el otro a un equivalente a 21 pisos bajo la superficie del agua desde donde disfrutar la vida acuática.

«La estructura se encontrará sobre tres robustas columnas fijadas al fondo marino y el disco superior estará suspendido sobre la superficie marina. Estas dos soluciones técnicas
asegurarán de que los discos sigan siendo seguros, incluso en el caso de un tsunami, lo que normalmente puede inundar las zonas costeras más cercanas», aseguran los constructores.
Cervezas en un bar submarino

Un reto no menos exótico fue el de transformar un submarino en un bar sumergido como parte de la celebración del 250 aniversario de la marca «Guinness».

El equipo de diseño e ingeniería tomó las medidas del submarino en el archipiélago de Estocolmo, Suecia, donde –a temperaturas bajo cero- llevó a cabo la transformación de la nave, que fue sumergida en el fondo del mar Báltico.

La barra fue elaborada con vidrio reforzado y un material plástico cubierto de discos de goma para emular un espacio vivo con burbujas. Todo ello en un habitáculo de tan sólo once metros cuadrados.

Lujos que no dejaron de lado la atención a la seguridad de la nave, la ventilación y las medidas contra incendios, por no hablar de los requerimientos propios de la mecánica de un submarino.

El aparato viajó con algunos clientes de la compañía cervecera a la remota isla de Högmarsö durante un recorrido submarino por el mar Báltico.

El mayor reto consistió en colocar un objeto casi exactamente del tamaño del submarino en su interior a través de dos pequeñas compuertas. Los componentes se modelaron en Londres.