Saldo de verano

La Razón
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Echamos el cierre al verano como quien baja la persiana del chiringuito después de ocupar el mar un año más moribundo, fregando fangos, aguardando a cambiar el pellejo quemado, apurando los últimos sudores y tratando de conservar algún beso con sabor a salitre. Haciendo cuentas. En un país habitado por unos cuantos millones de cadáveres con síndrome post-vacacional, según las últimas encuestas.

¿Un verano más para olvidar? De ninguna manera. Siempre nos quedará el Mundial, aunque a estas alturas las camisetas rojas de la fiebre y el entusiasmo se hayan quedado ya desteñidas. Por un momento, toda España fue un sueño ebrio de gloria, sin que sepamos todavía si se ha traducido en beneficios político y económicos (¡Olé, cómo suena!).

Habrá que ver si enfilamos la cuesta de septiembre como Sísifos con un balón dorado sobre la chepa. La consecuencia en la opinión popular es que entre los personajes indiscutibles de la canícula estén Casillas e Iniesta, al igual que a una mayoría de españoles, sin que sepamos distinción de sexo, le gustaría haberse ido de vacaciones con ellos, a Hollywood en bermudas con el portero y a ligar palidez en braga náutica con el fósforo albaceteño. Entre ellos, que se han ganado a la gente con sus esfuerzos con el balón, se cuela sin embargo en las encuestas doña Michelle Obama, cuya visita sólo sirvió para sacar a la luz nuestra afición a hacer vergonzosamente la pelota con ostentación paleta.

Ritmo visceral

La votación ofrece curiosidades como el perfecto equilibrio entre amor y odio que despierta Sara Carbonero y obviedades como el deseo imposible de invitar a Belén Esteban a un viaje sin retorno. Pierden simpatías los controladores aéreos y los antitaurinos y la guerra de los Thyssen se la trae al fresco al personal. En resumen, nada nuevo bajo el sol abrasador, salvo el fútbol de excepción. Y, por supuesto, el buen estado de las caderas de Shakira haciéndonos bailar el «Wak, waka» hasta a los inmovilizados, lo cual deja al menos su sacudida en la memoria, como un jugoso pellizco de ritmo visceral.