Alimentación

Qué comen los astronautas

Tres comidas y un snack al día garantizan el aporte de nutrientes en el espacio. Aunque no se consumen productos frescos, se está trabajando en el cultivo a bordo de pescado como fuente de proteínas 

¿Qué comen los astronautas?
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Un año y medio antes de partir hacia el espacio, los astronautras necesitan poner en forma su condición física para que el viaje no merme su salud. «Para una misión de seis meses en la estación espacial, un astronauta debe someterse a un programa de ejercicio supervisado que incluye actividades cardiovasculares y de fuerza», explica Jean-Pierre Arseneault, portavoz de la Agencia Espacial Canadiense. Durante la alimentación en el espacio resulta necesario encontrar el equilibrio entre las necesidades para conservar la salud del tripulante y las limitaciones que imponen el lanzamiento y las características propias de la misión.

«Existen unas normas sobre qué alimentos son los más adecuados durante el vuelo. El producto debe tener, como mínimo, un año de vida, cero de alcohol, no tener gas ni tampoco estar envasado en vidrio», sostiene Arseneault. Al no haber frigoríficos ni congeladores en el interior de la nave, continúa el experto, «todos los alimentos deben conservarse a la misma temperatura. Cada uno de ello se debe consumir directamente del envase, no producir migas, así como poseer los niveles adecuados de sodio y no tener un olor fuerte ni desagradable». Además, todos los alimentos «tienen que tener unas condiciones óptimas de aceptabilidad, es decir, que tengan un buen olor y sabor y ser fáciles de digerir. Asimismo, es fundamental reducir el peso y el volumen de los alimentos como de sus envases para que sean fáciles de preparar, no interfieran en los planes de trabajo y generen la menor cantidad de residuos», advierte el doctor César Alonso Rodríguez del Centro de Instrucción de Medicina Aeroespacial de Madrid.

Estándar
En función del sexo y del peso corporal de los astronautas, Arseneault explica que «deben ingerir entre 1.900 y 3.200 calorías al día para garantizar el aporte adecuado de hidratos de carbono, proteínas y grasas». Como norma habitual, cada tripulante recibe «tres comidas y un snack al día a través de un menú estándar que dura dos semanas. Entre los platos más populares destacan las fajitas de carne, el pollo teriyaki y la pasta, así como frutos secos, bebidas y dulces». Según Alonso, «los alimentos que actualmente se consumen en el espacio están, en gran parte, disponibles en los comercios y pueden ser rehidratables, termo estabilizados con grado de humedad intermedio o bien en forma natural, pero irradiados, congelados, refrigerados o condimentados». En cualquier caso, «la selección de alimentos de un menú espacial se parece mucho al que se sigue en la tierra, aunque la única diferencia radica en que los productos frescos, como ensaladas o frutas son muy rara vez forman parte de la dieta», matiza la directora científica y colaboradora de la Agencia Espacial Europea (ESA), Martina Heer. Aunque los alimentos empleados en el espacio parecen indestructibles, los expertos aseguran que después de un año la comida espacial pierde vitamina A, C, ácido fólico y tiamina. A este respecto, Arseneault asegura que «los únicos suplementos que se recomiendan para los astronautas son los de vitamina D porque en el espacio, al no estar expuestos a los rayos ultravioletas, presentan deficiencias de dicha vitamina».

Sin embargo, el gran reto pendiente para el menú espacial radica, según Alonso, «en crear envases ligeros y herméticos que puedan mantener la frescura y la esterilidad durante al menos tres años. Además, habría que recurrir a un sistema mixto del que forme parte un modelo de soporte de vida bio-regenerativo reproduciendo condiciones de luz, temperatura, humedad y concentración de CO2 y fertilizantes para poder reutilizar productos excretados por el hombre como el agua, minerales o CO2 para cultivar verduras o cereales en ambientes diferentes a la superficie terrestre, así como en el interior de la nave o en plantas en la superficie de la luna o de Marte». Asimismo, Heer afirma que «las últimas investigaciones están trabajando en el cultivo de a bordo o el uso de pescado como fuente de proteína. Sin embargo, todavía no hay resultados disponibles que garanticen la ingesta de este tipo de nutrientes». Hay que tener en cuenta, según Alonso, que los cambios fisiológicos que se producen en el organismo durante la estancia en el espacio, «contribuyen a la disminución de la ingesta de alimentos y, junto con la pérdida de masa ósea, muscular y volumen sanguíneo propios de la ingravidez conducen a la pérdida de peso del astronauta».