No está Europa para dilaciones por Manuel Coma

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Dios quiera que el réquiem por la derecha francesa no lo sea por Europa, por la cuenta que nos tiene. Sarkozy tenía las ideas adecuadas para un buen gobierno, y su discurso de toma de posesión fue espléndido, pero ha sido un oportunista que se adaptaba demasiado cínicamente a las conveniencias. Desde luego, la extrema derecha con la que tiene que lidiar es una desgracia nacional para cualquier democracia, pero con la jubilación del impresentable fundador se esbozaba una posibilidad de cambio que ofrecía a la derecha democrática la tarea histórica de reconducir a los descarriados hacia el redil, como hizo nuestro Cánovas con buena parte del carlismo o Fini con los misinos añorantes de Mussolini. Para los barones de la UMD (Unión para un Movimiento Popular) un escoramiento a derechas era tabú todavía demasiado inviolable, lo que ha llevado a su jefe al suicidio.

Ha sido una derrota por los pelos, no tanto por el resultado final como por la tendencia. Desde que Hollande ganó sus primarias, la ventaja sobre su rival no ha dejado de acortarse. La gran esperanza para éste residía en el debate del martes. Hollande tiene fama de gris y blandito. Un político profesional con larga experiencia en el parlamento y la vida interna de su partido, nunca ha gobernado un puesto de pipas. Bien preparado, resistió los embates del presidente y contratacó sin rubor, con lo que un empate o una ligera derrota por puntos se convirtió en una victoria para él. A pesar de que no llegó el gran impulso, Sarkozy siguió comiéndole el terreno. Si la evolución fuese extrapolable, con cuatro días más hubiera empatado y con seis ganado por poco. Un dato para la historia que no le servirá de consuelo.

El nuevo presidente hizo campaña con un programa nada tranquilizador como arma de combate contra la crisis, pero más moderado de lo que sus principios ideológicos y las utópicas creencias de su «pueblo de la izquierda» harían temer. La defensa que hizo en el debate fue todavía más minimalista. A ver si ahora la realidad contribuye a aguar la retórica y la aplicación práctica lo deja todavía en menos.

Los antecedentes históricos nos dicen que el presidente francés y el/la canciller alemán terminan entendiéndose, pero no está Europa para dilaciones. La alternativa es puro humor negro. Vamos a comer basura, pero no va a haber para todos.