Espesor a ambos lados de la trinchera

San Sebastián. Cuarta de la Semana Grande. Se lidiaron toros de La Reina y El Tajo, desiguales de presentación. El 3º, complicado pero con cosas buenas; el 6º, con buen estilo, se desplazaba y humillaba; deslucidos, 1º y 5º. Sosote el 4º y desigual, el 2º. Media entrada.El Fandi, de carmín y oro, estocada, cuatro descabellos (saludos); tres pinchazos, estocada, dos descabellos, aviso (silencio). Sebastián Castella, de teja y oro, media bajísima, estocada (saludos); dos pinchazos, pinchazo hondo, dos descabellos, aviso (saludos). Miguel Ángel Perera, de grosella y oro, aviso, pinchazo, estocada caída (silencio); aviso, dos pinchazos, estocada (silencio).

Perera firma un derechazo, ayer, en Illumbe
Perera firma un derechazo, ayer, en Illumbe

De los toros de Joselito se esperaba todo. Sumamos a su carrera el temporadón del año pasado: San Sebastián, Bilbao... y acabamos por lo más reciente: su paso por Bayona, donde se habló de toros en mayúsculas. De los que piden el carnet de profesional y se aseguran del valor del que tienen en frente. Por todo eso la corrida de Joselito interesaba sí o sí. Pero el toro descompone cuando le viene en gana, dando la espalda a los cuatro años de mimo, a la selección genética o a las pruebas en el campo. Qué más da. Así lo hizo el primero, al que se le intuían cosas buenas, pero la falta de fuerzas hizo que todo quedara en el rincón de lo que pudo ser. Fandi cumplió con los palos, en las dos largas cambiadas de rodillas y dejó voluntad en el último tercio.

A punto estuvimos de cambiar el rumbo en el tercero. Era turno de Miguel Ángel Perera. Apretó en banderillas el toro y solventaron de miedo Joselito Gutiérrez y Guillermo Barbero con los palos. Después, el animal lo tenía todo de irregular, a nada que sintiera el engaño el derrote que pegaba era seco; otras veces medio se quedaba por abajo. Si querías algo de él, te lo tenías que trabajar. Y Perera lo bordó en dos series de naturales haciendo que el toro aguantara un tranco más de lo que quería. Templado, evitando el tornillazo final, y elevado de técnica y corazón. La gente se metió en faena, era el camino, encontrábamos el rumbo. Y justo indagábamos en lo que habíamos visto, cambió de mano Perera. Retornó a la diestra y sin encontrar la justicia en el fin, atacó en corto, vía péndulo, para meterse un atracón de puro arrimarse. Se espesó la faena, se dilató la ilusión y nos quedamos en poco.

El sexto quiso ir y fue al engaño largo, descolgada la cabeza y con buen son. Si había muleta, la seguía... Tanto fue así, que ya casi resuelta la faena de Perera se tragó tres derechazos en uno, sin levantar los ojos del albero. La larga faena, volvió a sonar un aviso antes de entrar a matar, así había ocurrido con su anterior, no encontró la ligazón. Dos pases y se la quitaba para colocarse. Y así, entre unas cosas y otras, la historia no fluyó.

Toreó Sebastián Castella con lentitud en el saludo de capa al quinto y se lució después en un quite de chicuelinas. El avivado comienzo con los pases cambiados por la espalda se estrellaron después, al poco, cuando el toro se paró. Se lo pensaba un mundo antes de entrar y Castella cogió el camino directo de la eternidad. Se movió su segundo, muy irregular, y el francés tiró de técnica para crear una faena muy solvente por ambos pitones.

El Fandi cumplió sin más historias con el cuarto, sosote, a medio gas. Y entre unas cosas y otras, la tarde se nos había espesado a ambos lados de la trinchera.