Asia

Los «camisas rojas» se ocultan por la represión

Las autoridades tailandesas han endurecido su actitud frente a los activistas. El primer ministro quiere evitar que la rebelión se extienda por todo el país 

Los «camisas rojas» se ocultan por la represión
Los «camisas rojas» se ocultan por la represión

Un grupo de niños acabaron ayer en comisaría por explotar un inocente paquete de petardos en Chonburi, una tranquila provincia de Tailandia. En Bangkok, un líder político juvenil fue detenido después de convocar una movilización contra el Gobierno. Las autoridades tailandesas, que durante meses toleraron las protestas de los «camisas rojas» para evitar la confrontación, han endurecido su actitud.

El primer ministro, Abhisit Vejjajiva, pretende evitar que la rebelión prenda por todo el país después de la «batalla» del miércoles, cuando cientos de radicales arrasaron y quemaron más de 40 edificios en Bangkok. Los incendios y los saqueos duraron más de 24 horas. La violencia se desató mientras el Ejército desalojaba a tiros el campamento de los manifestantes, el «fortín» que fueron montando los rebeldes, a la luz del día y durante semanas, en el centro de la ciudad y sin que nadie se lo impidiese.En las calles de la ciudad de Khon Kaen, uno de los principales bastiones de los «camisas rojas», también ardieron edificios y cayó el primer muerto el jueves. Los radicales atacaron una sede del canal de televisión estatal, la delegación del Gobierno y una sucursal del «Bangkok Bank», demostrando que su odio se dirige a todo lo que venga de la capital. Como en otras partes del país, la situación se ha tranquilizado por el miedo a la represión.

El miedo a decir lo que se piensa se ha extendido incluso en la «región roja», la empobrecida y populosa Isan. Aquí, simpatizantes y cabecillas de las revueltas, siempre dispuestos a hablar con la Prensa extranjera, eran reacios ayer a descolgar el teléfono. «No queremos hablar, no sabemos qué puede pasar», dicen. «Varios compañeros estuvieron en Bangkok en las protestas, pero algunos no han vuelto, se han escondido por miedo y otros ni siquiera sabemos dónde están», explica una militante de Khon Kaen, que se niega a identificarse con su nombre real.Aunque en sus discursos los califica de «terroristas» desde hace algún tiempo, en la práctica el Gobierno tailandés ha tratado a los «camisas rojas» más como opositores políticos que como activistas subversivos, excepto en circunstancias especiales. Todo parece haber cambiado desde la batalla del miércoles, en la que se demostró que el país puede despeñarse en un arranque de violencia. Vejjajiva habla de reconciliación nacional, pero al mismo tiempo quiere demostrar que su Ejecutivo no tolerará situaciones de violencia extrema como las que ha vivido el país en los últimos dos meses. Después de dos meses de tiros, ahora no quiere oír ni petardos durante algún tiempo.

¿Manifestantes o terroristas?El Gobierno tailandés tendrá que decidir cómo quiere tratar a los líderes de una revuelta callejera que ha dejado 85 muertos y cientos de heridos desde el 10 de abril. Más de 100 cabecillas de los «camisas rojas» se encuentran detenidos en paradero desconocido, aunque no se han presentado cargos contra ellos. Asociaciones como «Human Right Watch» ya han exigido su liberación. El Ejército tailandés mostró ayer a la Prensa el presunto arsenal que tenían en su poder los rebeldes, compuesto de rifles, granadas y material para fabricar decenas de bombas. La mayoría de los manifestantes fueron enviados de vuelta a sus casas después de que los soldados registrasen sus datos y les hiciesen fotos.