El Miguelín

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Ya podemos alegrarnos, porque sube el índice de natalidad en España, nada menos que con bebetones de unas cuantas toneladas que rompen la báscula. Eso es lo que parece ese Miguelín, o mejor sería decir Miguelón, con el que nuestras autoridades pretenden dejar patidifusos a chinos y demás representantes del orbe ante la soberbia magnitud de nuestra raza, incluso antes del destete. Ya nos conocemos, y a la hora de alumbrar paridas nada como parir a lo grande. Y ahí tenemos al descomunal mamoncete, que más que estar para comérselo, está para salir despavorido por si le da un ataque de gases.¿Sueñan los robots con biberones eléctricos? Sabiendo que la madre de la criatura es Isabel Coixet, habrá que preguntarse si el nene será tan lacrimógeno como sus películas, si sus llantos pueden provocar inundaciones en el pabellón y sus berridos, estrépitos con consecuencias planetarias más gordas que el aleteo de una mariposa en la China. Porque esa es otra, saber cuántas funciones tiene el dichoso neonato. Uno supone que serán más que las de las muñecas de Famosa. ¿Hará pipí, hará popó, echará sus vomitones cuando le duela la tripita? ¿Harán falta excavadoras para retirar sus cagallones? Ay, Miguelito, como nos salga bebé rabioso de los que rechazan la papilla del Estado. Con lo fácil que hubiera sido llevar a un par de migueletes con sus sombras para representar la esencia del país.Darlo en adopciónAhora que se debate sobre la futura humanidad de los androides, habrá que saber qué hacemos después de la Expo con la criaturaza, que a mí no deja de recordarme a una pelicula de esas de «Cariño, he agrandado a los niños», y que necesitaría una teta gigante como la de Woody Allen en «Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo...». Pueden darlo en adopción, pero tal y como está el precio de la vivienda, a ver quién es el guapo que encuentra una habitación a su medida.