La chiíes de Bahréin exigen el fin del «apartheid» impuesto por los sunitas

De negro riguroso se viste la revolución en Barhéin.

Las protestas contra el Gobierno de Bahréin siguieron ayer en la Plaza de la Perla
Las protestas contra el Gobierno de Bahréin siguieron ayer en la Plaza de la Perla

SAMANA- Aunque se pretende dar una imagen de unidad del pueblo contra el régimen monárquico de Hamad bin Isa al Khalifa, esta revuelta se define por el levantamiento de la comunidad chií -se estima que entre un 70 y 80 de la población profesa esta rama del islam-, contra la élite sunita que ostenta el poder y la riqueza en el país del Golfo Pérsico. En la Plaza de La Perla se concentraron ayer unos 30.000 personas, todos o la inmensa mayoría de credo chií. Las mujeres vestidas de negro riguroso se sitúan en un lado de la plaza en tiendas de campaña familiares, separadas de los hombres por cuerdas de la ropa. «El sistema abajo», se podía leer en los eslóganes de las pancartas. «Antes prefieren traer a profesores de Egipto, Yemen y Jordania que contratar a nacionales por el mero hecho de ser chií», denuncia Shaibra, de 30 años, que se licenció en Magisterio en 2005. Desde entonces no ha parado de hacer entrevistas y presentarse a exámenes sin éxito. Muchos de los allí presentes son parados, y los que han conseguido algún tipo de trabajo mal remunerado y ganan en torno a los 800 dólares al mes. «Soy ingeniero químico y trabajo como celador en un hospital», denuncia Hassan de 23 años, cuyo sueldo le da para pagar el alquiler y poco más. «Así nunca conseguiré esposa», lamenta este joven activista chií, que desde el día 14 de febrero está secundando las protestas en la Plaza de la Luna. Su compañero Ali, recostado en una alfombrilla a su lado, agrega: «Yo no puedo dejar ni la casa de mis padres con 29 años». Ali no tiene carrera universitaria y ha buscado trabajo en fábricas o como dependiente en grandes almacenes y hasta la fecha no ha conseguido un empleo. «En otros países de la región, muchos jóvenes toman como salida laboral el Ejército, pero en Bahréin a los chiíes no nos dejan alistarnos y prefieren a extranjeros de otros países árabes que a nacionales. Las fuerzas armadas de Bahréin están compuestas por un 80 por ciento de árabes sunitas y el resto de bahreiníes sunitas», insiste el joven chií. «Todo es un complot contra los chiíes», explica otro manifestante que pasa por allí. «Hasta las televisiones árabes dan una imagen falsa de nosotros. Ningún reportero de Al Arabiya, ni de Al Jazeera se han acercado a la plaza», expone este vecino que se identifica como Mansur. Aunque sus palabras carezcan de veracidad, es cierto que el reino de Bahrein prohibió a Al Jazeera reportar sobre las protestas, amenazando con paralizar las obras de un puente para conectar por tierra la isla con Qatar.