Lula y Zapatero

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A tenor de lo que dicen las encuestas, una gran mayoría de brasileños sacaría a su todavía presidente por la puerta grande, suponiendo que allí se celebrasen corridas de toros y hubiese plaza, tal es la popularidad de Lula. Después de sus dos mandatos ha dejado a Brasil convertida en la octava potencial mundial, arrebatando ese puesto a España, que baja a la novena, de acuerdo con los datos hechos públicos ayer por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que confirman los adelantados por otros organismos como el Banco Mundial. Lula tiene buena estrella, justo todo lo contrario de lo que pasa ahora mismo con Zapatero, que vive, creo yo, las horas más bajas de los últimos seis años y medio. Se dice que la suerte es caprichosa y, la que en otros tiempos fue una de sus principales aliadas, parece haberle abandonado, algo que no sería preocupante si detrás de él no estuviésemos los demás. Su candidata en las primarias de Madrid, Trinidad Jiménez, ha caído derrotada frente a Tomás Gómez, casi desconocido en esta Comunidad y totalmente en el resto de España. La economía sigue maltrecha y ha vuelto a subir el paro. El líder bolivariano de Venezuela y su embajador aquí se «chotean» de nosotros. El Gobernador del Banco de España, antiguo alto cargo en su Gobierno, avisa del peligro que suponen las autonomías desde el punto de vista económico y financiero. Por si todo esto fuera poco, su equipo favorito, el Barça, parece que no atraviesa por sus mejores momentos. De las encuestas, mejor no hablar. Y, encima, no deshoja la margarita sobre si será, o no, el candidato socialista en las próximas elecciones generales. Ya digo, un sin vivir para él y, desgraciadamente, para los demás también.