Atlético de Madrid

Otra guerra

La Razón
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El comienzo de la Liga estaba amenazado por la suspensión de la primera jornada. La AFE exigía el pago de todas las deudas contraídas con los jugadores. La respuesta de muchas de las entidades con maltrecha economía fue acogerse al concurso de acreedores para salvar los muebles. La segunda gran amenaza ha sido el deseo de los clubes de aumentar sus ingresos sobre la base de exigir a las emisoras de radio un canon por las transmisiones (el efecto depredador de Teddy Bautista en la SGAE ha tenido discípulos). El reto de la LFP, que no es nuevo, nunca ha tenido efectos positivos para los reclamantes. Cuando surgió el Carrusel, Vicente Marco tuvo que subirse a la torre Lima para transmitir porque Santiago Bernabéu se negaba a aceptarlo. En el Atlético consintieron, pero disimuladamente, y Quilates se subía a la taza del retrete para asomar la cabeza por un ventanuco del Metropolitano y desde allí contar cuanto sucedía. José Luis Núñez, en su época de presidente barcelonista, planteó el pleito, pero quedó en nada. La guerra de los «carruseles» no ha hecho más que empezar y tiene visos de llevar a un acuerdo para evitar que la Liga convierta el problema en enconada cuestión y acabe con la subasta de los derechos y los gane Jaume Roures para revenderlos. Las emisoras y la Liga tendrán que delimitar lo que es información del espectáculo. Las radios se acogen al derecho de información y la Liga aduce que los carruseles son espectáculo con lucro cesante. Atentos al dial.