El Papa tacha de «sorprendente y deplorable» el registro policial

En una misiva enviada al arzobispo de Malinas, el Papa pide justicia para las víctimas, pero también respeto para la Iglesia.

El Papa, ayer, durante el rezo del Ángelus dominical en la plaza de San Pedro del Vaticano
El Papa, ayer, durante el rezo del Ángelus dominical en la plaza de San Pedro del Vaticano

MADRID- La indignación en el Vaticano por la forma irrespetuosa y agresiva con la que se han efectuado los registros en el arzobispado de Malinas-Bruselas ha llegado hasta la voz de Benedicto XVI. En un mensaje de solidaridad enviado ayer a los obispos belgas, el Papa califica de «deplorable y sorprendente» la irrupción policial. Los registros fueron llevados a cabo por la Policía y agentes judiciales el pasado jueves en el marco de una investigación abierta a la Iglesia católica de Bélgica por la supuesta ocultación de casos de pederastia. Los responsables eclesiásticos fueron retenidos e incomunicados durante nueve horas mientras se llevaba a cabo la investigación, en la que se incautaron 475 expedientes, ordenadores, CD y DVD.En la misiva remitida al arzobispo de Malinas-Bruselas, André-Joseph Léonard, el Papa expresa a todos los obispos de Bélgica su «proximidad» y «solidaridad en este momento de tristeza, en el que, con ciertas maneras sorprendentes y deplorables, se han realizado las investigaciones incluso en la catedral de Malinas y en los locales donde el episcopado belga estaba reunido en sesión plenaria», escribe.

«Respeto recíproco»En su mensaje, el Pontífice recuerda que durante esa reunión interrumpida por las autoridades «debían tratarse, entre otros, aspectos relacionados con el abuso a menores por parte de miembros del clero» y pide respeto a la autonomía del orden canónico: «Yo mismo he repetido en numerosas ocasiones que estos graves hechos deben ser tratados por el orden civil y por el orden canónico en el respeto recíproco de la especificidad y de la autonomía de cada uno», destaca. «En este sentido –prosigue– deseo que la Justicia siga su curso garantizando el derecho de las personas y las instituciones, en el respeto a las víctimas, en el reconocimiento sin prejuicios de los que se comprometen a colaborar con ella y en el rechazo de todo lo que pudiera oscurecer los nobles deberes que le son asignados». Benedicto XVI concluye su mensaje garantizando que acompaña «cada día en la oración el camino de la Iglesia en Bélgica» y envía al arzobispo Léonard «una afectuosa bendición apostólica».La Secretaría de Estado de la Santa Sede había expresado con anterioridad su «vivo estupor» por cómo la justicia belga ha llevado a cabo algunas investigaciones. Ayer, a través de su portavoz, el cardenal Bertone, afirmó que «Bélgica trata peor a la Iglesia que la URSS» y manifestó su indignación por el irrespetuoso registro, que incluyó la profanación de dos tumbas de anteriores arzobispos de la diócesis, donde la Policía introdujo cámaras de vídeo.

Durante el rezo del Ángelus, silencioA pesar de la preocupación que vive el Papa estos días, durante el habitual rezo del Ángelus dominical desde la plaza de San Pedro, Benedicto XVI evitó hacer cualquier alusión al registro y a la retención de los obispos belgas. Al contrario, el mensaje del Papa se centró en la libertad: «Libertad y amor coinciden», subrayó el Pontífice, que recordó que «quien renuncia a todo, incluso a sí mismo, para seguir a Jesús, entra en una nueva dimensión de libertad, que san Pablo define como "caminar en función del Espíritu"», manifestó el Pontífice, que habló de una libertad que consiste en «estar al servicio los unos de los otros». «Obedecer al propio egoísmo conduce a la rivalidad y al conflicto», afirmó el Santo Padre, que se refirió también a la «llamada de Dios y de sus exigencias» y recordó que consagrarse a Dios es una de las «experiencias más bellas» que tienen lugar en la Iglesia. Tras el rezo del Ángelus, Benedicto XVI saludó a los peregrinos que acudieron a la plaza de San Pedro y recordó que se acercan las vacaciones, «un tiempo de reposo» y una ocasión «no sólo de recuperación de las fuerzas físicas y de desarrollo intelectual, sino también de un contacto con Dios más intenso y de refuerzo de la fe».