Europa

Atentado de la UCI

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Harry «Schwarzenegger» disfrutó con el certamen de los forzudos, y de un fin de semana de Rodríguez. Pero estaba preocupado por Helen «Lee Curtis» y su cita en China. Primero sintió celos; luego, temor. Su señora no ha cursado estudios de espionaje y actúa cual 007. No supo de ella en diez días. Las redes sociales, clausuradas por orden gubernativa, funcionan allí como una ONG en Guantánamo. Cuando regresó, me invitaron a cenar. Helen tenía que contarme cosas del Tour de Pekín. Llegué con sendos obsequios: una botella de Carlos III para él y otra de pacharán para ella. Son sus gustos. Me sorprendió que el primer plato fuera solomillo y el segundo... entrecot. «En noviembre, el TAS decidirá el futuro de Contador; quise evaluar el cariño de la UCI por sus ciclistas. Cero. Sólo piensa en los millones de yenes que le reporta una carrera en una ciudad con niveles de polución de 210 mg/m3 cuando en Europa se acepta un máximo de 40mg/m3. No salí a la calle sin mascarilla y los pobres ciclistas corrieron cada etapa. La UCI les somete a infinidad de controles para velar por su salud y los expone a una enfermedad pulmonar irreversible… Durante los Juegos, los chinos limpiaban el cielo de Pekín; hoy, ni se molestan. Es un asco». Sabíamos del afán recaudatorio de la UCI; «pero nada de este menú carnívoro». «Vengo harta de arroz; no he probado la carne, contaminada de clembuterol. La carne es esencial en la dieta del ciclista; si da positivo, ¿le suspenderán dos años la UCI y la AMA? Voto por que la UCI desaparezca». Y todavía no había probado el pacharán.