Luc Bondy qué hay de nuevo viejos

El director suizo más internacional se sienta en «Las sillas» de Ionesco, un retrato de la tercera edad. Respetado y aplaudido, Bondy regresa al Festival de Otoño de Madrid.

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En lo alto de una torre, aislados en una isla, dos ancianos,-un hombre y una mujer- han montado una fiesta. No será como otras. Los muchos invitados a su celebración son imaginarios. Las sillas vacías. Ellos están allí solos, tras una vida de fracasos. Eugêne Ionesco escribió «Las sillas», uno de sus textos más importantes y representados, en 1952. Una década y pico más tarde, un joven suizo interesado en el teatro e hijo de un periodista llamado Luc,trabajó con él como traductor. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Y a Luc Bondy (Zúrich, 1948) le ha llevado años animarse a llevar a su maestro –uno de ellos, él es devoto, particularmente, de Fassbinder y Botho Strauss– a escena. Con «Les chaises» (o sea, «Las sillas») está el fin de semana en el Festival de Otoño en Primavera.

Bondy no es un desconocido en los escenarios madrileños: el suizo visitó ya el Festival –entonces aún en otoño– en 2008, con un doble programa: Marivaux y Genet. Aquellas dos producciones del Théâtre Vidy-Lausanne, «La segunda sorpresa del amor» y «Las criadas», fueron su tarjeta de presentación en España, y repitió en 2010 con «Sweet Nothings», versión de la obra de Schnitzler en la que se basó Kubrick para «Eyes Wide Shut», esta vez una coproducción del Young Vic, el Wiener Festwochen y el Ruhrfestspiele Recklinghausen.

La última fiesta
Ahora regresa al Festival de Otoño en Primavera, de nuevo a los mandos del Vidy-Lausanne. Sobre «Las sillas» planea la categoría de «teatro del absurdo», una etiqueta de la que Bondy reniega categóricamente. «Preferiría que nadie siguiera llamándolo así porque el sentimiento de qué era lo absurdo ha cambiado en estos cuarenta años. Hace cuatro décadas era la única manera de definir algo que no existía en la dramaturgia convencional. Fue un drama en el que la escritura no era tan lineal ni psicológica como hasta entonces venía siendo. El absurdo era más intenso que lo que veían en la vida real», explica el director a LA RAZÓN. Y añade: «‘‘Las sillas'' no es una historia sobre el absurdo, sino sobre cómo dos personas muy ancianas tienen la idea de montar la última fiesta de sus vidas y morir juntos». En la mente del autor estaba, según Bondy, «hablar de la comunicación; según él, la mayor parte del tiempo nos comunicamos de una manera excesivamente convencional. Él hace que estos dos viejos crean que hay cientos y cientos de invitados que llegan a su fiesta y se sienten felices porque todo el mundo está allí, y disfrutan de la vida. Es, sin duda, la oscura ceremonia de un final, pero yo nunca lo etiquetaría como teatro del absurdo».

Aprender de Ionesco
Para Bondy, en esta pieza «Ionesco reflejó en gran medida su propia vida en París, la manera en que los personajes hablan, los diálogos, introduce la banalidad de cada día». Y recuerda del dramaturgo rumano: «Era como un payaso: tenía el rostro de un payaso, decía frases de payaso y tuvo la percepción del mundo de un clown. Siempre estaba bromeando. No había mucha diferencia entre cómo escribía, cómo hablaba y cómo vivía: todo en él era idéntico a sí mismo».

A Bondy, más allá de la admiración, no le une mucho sin embargo con Ionesco: «Lo que he vivido se queda ahí. Compartí con Ionesco un aprendizaje cuando era muy joven, durante año y medio, pero luego descubrí cosas muy diferentes». Trabajó con textos de Musset, Beckett, Shakespeare, Ibsen...

Pero, después de tres décadas largas, no sabe definirlo que el teatro debería ser: «No tengo una idea, pero me gusta cuando ves en escena a actores que representan algo que están sintiendo, que no están diciendo frases aprendidas, como marionetas tratando de extraerle algún sentido a un texto que no logran entender y que no significa nada para ellos». Y añade: «Al público no le gustan las ideas esquemáticas, sino ver a personas en escena y reconocerse en ellas». Y asegura: «Hay trabajos muy interesantes que vienen del Este de Europa, deberíamos mirar más hacia allí. En el Oeste ya no confiamos tanto en determinados grupos, que trabajan con grandes compañías y muchos medios, pero cuyos puntos de vista son naif, no nos descubren nada». En el teatro de Bondy, como en el de Peter Brook y otros popes de la escena europea, el actor cobra un peso fundamental: no se trata tanto de epatar con fabulosas puestas en escena como de extraer lo mejor que pueden ofrecer sus materiales humanos. Sobre «Las sillas», comenta el director: «Los tres protagonistas de este montaje son muy jóvenes. Los elegí porque era imposible tener a auténticos ancianos cada día actuando durante dos horas y media».

Corolario: la etiqueta de «absurdo» quizá no encaje con «Las sillas». Pero, ¿y con Festival de Otoño... en Primavera? ¿Se replanteará algún año esta paradoja semántica la Comunidad de Madrid?


De Viena a Milán
Alumno del prestigioso Jacques Lecoq, Luc Bondy es un habitual desde hace tres décadas en escenarios de renombre como la Schaubühne –donde relevó, en un triunvirato, a Peter Stein entre 1985 y 1988– y el Thalia de Hamburgo. Además, como otros grandes directores teatrales, dio el salto a la ópera. Lo hizo con «Lulú», en 1977, y desde entonces ha dirigido numerosas producciones, desde «Don Giovanni» a «Macbeth», en escenarios como la Staatsoper de Viena, el Festival de Salzburgo y La Scala de Milán. Entre los directores de orquesta con los que ha colaborado se encuentran Claudio Abbado, Daniel Harding y James Levine.



- Dónde: Teatros del Canal. Madrid.
- Cuándo: Hoy y mañana, 20:30 h.
- Cuánto: de 6 a 18 euros. Tel. 91 308 99 99. www.teatroscanal.com.