Historia

Mónaco

Bautizos bodas y funerales

La Razón
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Una de las cosas que me gustó de la boda de los duques de Cambridge es que no tiene nada que ver con la telebasura y esos famosillos que inundan las revistas del corazón. La irrupción de las clases medias y bajas así como de aristócratas menores en las familias reales no ha quitado calidad a los grandes fastos. Es cierto que en la vida cotidiana se nota el origen plebeyo, aunque se les convierta en príncipes o princesas, duques o duquesas. Es lo que sucedía, por regla general, con los primeros titulares de la nobleza europea con mayor raigambre. Los entonces desaparecidos ricos-hombres de Castilla hubieran mirado por encima del hombro a algunos de los grandes de España que creo Carlos V. No hay más que ver los aires que se da el novio de la nadadora y descendiente de una lavandera, Alberto de Mónaco. Es uno de esos principados de cartón piedra que parecen salidos de las películas que interpretaba su madre. La Casa de Windsor es imbatible en la organización de bodas, bautizos y funerales. El colorido de los uniformes y el férreo protocolo le garantiza una larga vida.