Sevilla y Málaga a por el turismo de congresos

La capital andaluza, con el edificio de Vázquez Consuegra, busca un hueco en el sector 

Fachada principal del nuevo Fibes, inaugurado el pasado septiembre
Fachada principal del nuevo Fibes, inaugurado el pasado septiembre

SEVILLA- El recuerdo a Camarón de la Isla fue el espectáculo elegido para «inaugurar» la ampliación del Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla (Fibes). Cuatro años de obras con retrasos culminaron en el nuevo edificio de Vázquez Consuegra, quien aseguró, tras visitar las instalaciones junto al alcalde, que se trataba de una obra austera, construida «sin despilfarro». Los 120 millones de euros que ha costado deben servir para colocar a Sevilla de nuevo entre las primeras ciudades elegidas para celebrar congresos. Así lo defendió su gerente, Gaspar Sáez, que reconoció que en la actualidad la ciudad ocupa el puesto 70 a nivel internacional, aunque hace menos de un año se colocaba en el 196.

Una escalada difícil que tendrá como primer objetivo lograr la rentabilidad del dinero invertido en la ampliación, aunque los retrasos en las obras, la incertidumbre de su inauguración final y las reticencias de los congresistas a venir a Sevilla con la mayoría de las aerolíneas que operan en San Pablo hacen complicado que la capital pueda tutear al resto de ciudades que lideran el sector, tanto en la propia comunidad andaluza como en el resto de España, en un periodo corto de tiempo, pues el «enemigo» a batir le lleva ventaja. Sevilla cuenta con 45.000 metros cuadrados construidos y su auditorio, con capacidad para más de 3.500 personas, es el más grande de España, más las instalaciones del antiguo palacio anexo.

Los principales rivales son Málaga, Valencia, Barcelona y Madrid, cuyos recintos para congresos han salido más baratos que el nuevo Fibes y cuentan en la actualidad con una agenda de eventos mayor que el sevillano, que tiene previsto en su página web un congreso y varios encuentros y reuniones hasta final de año, en contraste con Málaga o Valencia, que han cerrado ya encuentros para el año próximo e incluso, en el caso valenciano, hasta 2014. En Fibes se argumenta que se trabaja para lograr más encuentros y que para 2013 se han comprometido varios. Sobre esta falta de publicidad, aseguran que son los organizadores los que «no quieren que se cuelguen en internet aún».

Una vez abiertas las puertas, las cifras iniciales de impacto económico se estimaron en 27 millones de euros, en palabras del propio Zoido, que deben llegar de la celebración de congresos. En Valencia, desde que en 1998 se inauguró el edificio de Norman Foster, el beneficio generado, en una época de vacas gordas, ha sido de 750 millones. Es decir, más de 20 veces lo que costó realizar el proyecto. Más controvertida es su competitividad si se le compara con el recinto madrileño de Ifema y con la Fira de Barcelona, pues sólo el primero de ellos acoge cada año 80 certámenes especializados, participan 30.000 empresas y recibe a 3 millones de visitantes. Por su parte, en la Ciudad Condal cuentan con dos recintos, Montjuïc y Gran Vía, en los que se insertan ocho palacios y otros tantos pabellones, además del Palacio de Congresos de Barcelona y el Centro de Convenciones Gran Vía. A ello hay que añadir la red de conexiones de transportes existentes (el metro llega a Ifema) y el atractivo turístico de ambas ciudades. Además, en el caso catalán, la oferta se complementa con el Forum.

Volviendo al coste del nuevo Fibes, los 120 millones de euros finales exceden en mucho los ya referidos 30 de Foster en Valencia (está prevista una ampliación de 24 millones de euros), así como el de las otras ciudades. El de Málaga, de Ángel Asenjo, rozó los 70 millones; el Forum de Barcelona, del estudio Herzog y De Meuron, 72 millones; el Kursaal de Rafael Moneo en San Sebastián, que se ha convertido en icono de la ciudad y reclamo turístico, 54,7 millones, y el Palacio de Congresos de Barcelona, de Carlos Ferrater, 45 millones.