Constitución

La oportuna voz de los obispos

La Razón
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La reflexión y el consejo de los obispos son una valiosa aportación a la salud espiritual y cívica de la sociedad española que nadie debería echar en saco roto y menos aún despreciar por prejuicios ideológicos o por sectarismo. Sus orientaciones pastorales contribuyen a la riqueza del debate social como a la orientación moral de los ciudadanos, tanto más necesaria cuanto más duras son las circunstancias. Por eso es muy de agradecer que la Comisión Permanente del Episcopado haya reaccionado con diligencia y solicitud a las graves incertidumbres que se han añadido al clima social por mor de los nacionalismos. En una declaración presentada ayer al término de su reunión cuatrimestral, los 21 prelados que la componen salen al paso del desafío soberanista que ha lanzado el presidente de la Generalitat catalana con una declaración impecable, valiente y sin ambigüedades. Son apenas trece líneas en un documento mucho más amplio sobre la caridad en tiempos de penuria, pero bastan para «recordar la llamada a la responsabilidad respecto del bien común de toda España» que ya hicieron en un documento fechado en 2006 sobre los nacionalismos. Los obispos sostienen que ninguna comunidad autónoma podría entenderse si no hubiera formado parte de la larga historia cultural y política «de esa antigua nación que es España». Así que propuestas políticas «encaminadas a la desintegración unilateral de esta unidad nos causan una gran inquietud». Y añaden que se debe preservar «el bien de la unidad», tal y como ya afirmaran en el documento de hace seis años con una frase memorable: «Es un bien importante poder ser simultáneamente ciudadano, en igualdad de derechos, en cualquier territorio o en cualquier ciudad del actual Estado español. ¿Sería justo reducir o suprimir estos bienes y derechos sin que pudiéramos opinar y expresarnos todos los afectados?». Evidentemente, no. Como también es evidente que este párrafo es una respuesta oportuna y muy pertinente al discurso rupturista de Artur Mas. Haría bien el político catalán, que lidera una formación política cuyos votantes son mayoritariamente católicos, en reflexionar a la luz de las enseñanzas de la Iglesia. Es cierto que la Conferencia Episcopal, en el referido documento de 2006, «reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas» que no recurren a la violencia, pero acto seguido recuerda que las propuestas nacionalistas deben ser justificadas con referencia al bien común «de toda la población directa o indirectamente afectada». En resumen, la Iglesia reitera unas observaciones muy precisas que los votantes católicos, especialmente los catalanes, deben tener presentes a la hora de elegir democráticamente a sus representantes políticos.