Los veinte años de «Uno de los nuestros»

"Uno de los nuestros", una radiografía sobre las vidas cotidianas de un grupo de gánsteres en Nueva York, rodada con un ritmo endiablado y que pasa por ser una de las obras maestras de Martin Scorsese, cumple hoy 20 años desde su estreno en los cines.

"Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, siempre quise ser un gánster". Así arranca la película en boca de Henry Hill, uno de los mejores papeles en la carrera de Ray Liotta, a quien el espectador ve crecer a lo largo de cuatro décadas, siempre acompañado por Jimmy (Robert De Niro) y Tommy (Joe Pesci), el cerebro y el brazo ejecutor de un sinfín de crímenes y robos.

"No existe una película mejor sobre el crimen organizado, ni siquiera 'El Padrino'", sostuvo el popular crítico estadounidense Roger Ebert en su análisis del filme, basado en el libro "Wiseguy", de Nicholas Pileggi, y por cuya exquisita banda sonora desfilan Tony Bennett, The Rolling Stones, The Cadillacs, Aretha Franklin o Cream.

"Goodfellas"-su título original- fue candidata a seis Óscares, de los cuales sólo se llevó uno: el de mejor actor de reparto para el violento, deslenguado, cómico e inolvidable Pesci. Se dice que en la cinta se llega a escuchar la palabra "joder", en sus distintas variantes, cerca de 300 veces. De todas ellas, Pesci entona la mitad.

La narración en primera persona corre a cuenta del personaje de Liotta. A través de sus ojos zambulle al público en el tejido mafioso de Brooklyn durante las décadas de 1950 a 1980, revelando todo un entramado de amistades y traiciones, pero, sobre todo, la vida familiar de quienes eligieron vivir al otro lado de la ley.

"Quería empezar la película como un tiro y que fuera más rápido a partir de ahí, como un tráiler de dos horas y media. Es la única manera en la que puedes percibir el regocijo de ese estilo de vida, y entender por qué a la gente le atrae", comentó Scorsese, que dejó escenas para la posteridad.

Algunos ejemplos de las más recordadas son el enfrentamiento verbal entre Liotta y Pesci en un club ("¿Cómo soy de gracioso, como un payaso de circo?"), el reguero de muertos que deja el grupo mientras suena "Layla", de Derek & the Dominos, o el plano secuencia que sigue a Liotta y a Lorraine Bracco por los pasillos del Copacabana.

Noches de alcohol y timbas, escapadas con prostitutas, cavar hoyos para enterrar a los muertos... forman parte de lo cotidiano para estos personajes, que, no obstante, aprenden una lección de vida a lo largo del metraje.

Y es que, como en otras grandes obras de Scorsese, la trama gira en torno a la culpa. Aquí Henry, después de una vida en la que lo ha tenido todo, acaba enclaustrado en el programa de protección de testigos para convertirse en un "don nadie"más, y se despide compadeciéndose de sí mismo mientras suena "My Way", versionado por Sid Vicious.

"Es de las primeras veces, en una película del mundo criminal, EN que nos apetecería salir de copas con unos personajes que a la vez son unos hijos de puta absolutos", dijo a Efe Carlos Marañón, director de la revista Cinemanía.

"Nos gustaría estar con ellos comiendo los espaguetis con albóndigas de la 'mamma' de Pesci: una sensación que ha recogido a la perfección 'Los Soprano', en la que adoramos a Tony Soprano como si fuera un héroe. Por eso 'Uno de los nuestros' aguanta tan bien el paso de los años, porque quizá es la moral de los nuevos tiempos", añadió Marañón.

La serie de "Los Soprano"heredó la forma de diseccionar los recovecos más íntimos del mundo del hampa, e incluso contó entre sus protagonistas con Michael Imperioli, el camarero apodado "Araña"de la obra de Scorsese.

Cinco años después del estreno de "Goodfellas", Scorsese repitió con De Niro y Pesci para rodar "Casino", una obra similar en muchos aspectos a aquélla, en la que volvió a extraer lo mejor de su pareja protagonista.