La familia de Morente sigue investigando su muerte por Jesús MARIÑAS

El embajador francés merece un monumento, qué españolismo el suyo. No deja de prodigar su devoción por lo nuestro y lo volvió a demostrar rindiendo homenaje póstumo a Enrique Morente. Fue una mañana luctuosa, pero llena de luz.

Aurora Carbonell, viuda de Morente, en el homenaje
Aurora Carbonell, viuda de Morente, en el homenaje

El jardín de la residencia gala es una isla verde en el centro madrileño en la que la fraternidad con nuestra tierra queda patente sobre el pórtico, donde dos cabezas de toro de cerámica entremezclan la bandera francesa y la rojigualda. El cuadro se completa con tres enormes Meninas de Manolo Valdés colocadas en la entrada que forman diagonal con una chimenea ahumada. Compone una bienvenida con sabor de hogar y el martes acogió el homenaje al cantaor, al que entregaron la medalla de la Legión de Honor en Rango de Caballero. Su familia sigue manteniendo dudas, recelos e investigaciones sobre su repentino fallecimiento. Va para largo, y su viuda Aurora Carbonell dio ejemplo de dignidad con su sencillo traje negro de ancha hebilla que contrastó con la belleza desafiante de su hija Soleá, vestida en crema. Su hermana Estrella se perdió el homenaje por problemas de circulación.

Fue un sentido recuerdo a una «referencia universal del flamenco», aseguró el embajador Bruno Delaye, flanqueado por su esposa Annie, con un traje en azul Francia de manga corta animado con un cinturón ancho y tricolor. Aunque anunciaron reunión en «petit comité», el salón principal se llenó y destacó la presencia de Carmen Linares, comadre de los Morente porque amadrinó a esa Soleá ya con disco terminado. La saga continúa y la prolongará el juvenil Enrique, uno de los hijos del cantaor. Lo comentaba Fernando Trueba ante un Juan Diego como de la familia. «El cante empieza a nacerle a uno de eso, de oír cantar a los demás en su pueblo donde todo el mundo canta y bebe. A parte de eso, claro, necesitas una técnica, una escuela, necesitas aprender. La principal ayuda es la afición, y después el sentido para saber de quién hay que aprender y de qué fuentes. Descubrir dónde está lo bueno. Entonces te vas», escribió Morente en su diccionario «La voz de los flamencos». Y marcó escuela en el camino iniciado por Juanillo el Gitano, los Habichuela, Aurelio de Cádiz, Antonio Chacón, Pepe de la Matrona y Frasquito Yerbabuena. «El flamenco es una música viva que entronca con cualquier instrumento del mundo», mantuvo siempre el cantaor. Y lo certificaba uno de los Ketama, Juan Carmona, que se mostró contento con el otro homenaje a Morente: el que le rendirá el Instituto Francés el día 28 de este mes y que contará con Juan Verdú y José Manuel Gamboa.