El valor del voto «anglo» por César Vidal

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Los datos resultan contundentes. De acuerdo con una encuesta elaborada para la agencia Associated Press, el sentimiento anti negro y antihispano ha aumentado durante el mandato del primer presidente negro. En el año 2008, un 48% de los norteamericanos reconocía tener actitudes contrarias a los negros. La cifra llega ahora al 51%. Por lo que se refiere al prejuicio anti-hispano, en 2008 lo reconocía el 52% de los americanos; ahora, lo confiesa el 57%. Según otra encuesta de ABC/«Washington Post», el 60% de los votantes blancos apoya a Mitt Romney, frente al 37%, que daría su voto a Barack Obama. Esta circunstancia explicaría que, según el mismo sondeo, ahora un 50% de la población esté dispuesta a votar por el republicano frente al 47% que lo haría por el demócrata. A decir verdad, esa desproporción del voto blanco fue la que proporcionó a los republicanos el gran éxito en unas elecciones legislativas de 2010, sin parangón desde el año 1994. Obama consiguió en 2008 el 53% del voto blanco, un resultado que sólo superaron Andrew Jackson, F. D. Roosevelt y Lyndon B. Johnson.

A día de hoy, no cuenta con ese apoyo. Las razones para el desplazamiento del voto blanco podrían atribuirse a la marcha de la economía o a la lenta reducción del desempleo, pero hay que añadir un temor creciente de los aquí denominados, bastante inexactamente, «anglos» de verse convertidos en una minoría que –resulta indudable– lleva sufriendo décadas los efectos de la discriminación positiva. Cuestión aparte es que ese miedo tenga base real más allá del temor del Partido Republicano de perder una base racial suficiente como para ganar elecciones. Al respecto, las cifras son elocuentes. Los negros eran el 13% del electorado en 2008 y un 11% en 2010. Apoyan de manera aplastante al Partido Demócrata –cerca del 90% desde 1964– y ahora entregarán a Obama en torno al 95% de los votos a pesar de ser opuestos al matrimonio homosexual.

Los hispanos eran el 9% del electorado en 2008 y el 8% en 2010. En su mayoría, votan al Partido Demócrata y todo parece sugerir que Obama podría superar el 67% del voto hispano que logró hace cuatro años. Semejante circunstancia le ayudará en los Estados de Colorado y Nevada. Sin embargo, en Florida, la suma del voto blanco con el voto cubano –que no llega a la mitad del hispano– puede otorgar la victoria a Romney.

Finalmente, el tercer grupo no blanco son los asiáticos que reúnen el dos por ciento del electorado. Aunque es la etnia menos inclinada hacia los demócratas, un 62% de ellos votó a Obama en 2008. La mayoría vive en la demócrata California o en Hawaii, el Estado natal de Obama. En Nevada y Virginia, dos Estados clave, son el 3% del electorado. Es de esperar que los filipinos de Nevada voten masivamente por Obama, mientras que en el norte de Virginia, los republicanos están realizando enormes esfuerzos para lograr el voto de coreanos, vietnamitas y chinos apelando a su sentimiento anticomunista.

A la luz de estos datos, ¿peligra el peso de los blancos en Estados Unidos? Resulta discutible. De entrada, es más que posible que en el futuro los hispanos no pasen del 15% de la población –en los últimos tiempos son más los que regresan a México que los que vienen de esa nación a Estados Unidos– aunque los republicanos hablan con bastante alarmismo de que llegarán a ser el 20% e incluso el 25% de la población de Estados Unidos. La prueba de hasta qué punto las minorías son importantes, pero no decisivas a escala nacional, está en que Romney podría perfectamente llegar a la Casa Blanca con el 80% del voto no blanco a favor de Obama. Cuestión aparte es que alarmar a los votantes blancos pueda constituir una extraordinaria baza electoral en unas elecciones tan ajustadas o que esa alarma, como otros empleos del argumento racial, se la acabe llevando el viento de la tormenta «Sandy».

 

César Vidal
Enviado especial a las elecciones de Estados Unidos