Seguirán cavando

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Que el abuelo de la niña asesinada anuncie su intención de seguir buscando el cuerpo de Marta del Castillo es cosa que abre las carnes. Hay desaparecidos que nunca aparecen y muertes que jamás se esclarecen, pero aquí no ha pasado ninguna de las dos cosas.

La familia de esta niña sabe bien lo que ocurrió y cómo ocurrió. Marta murió a manos de unos desalmados cuyos nombres conocemos. Tenemos el día, el sitio, el motivo; lo único que falta es poder enterrar el cuerpo.

No es preciso ser policía ni juez para entender que navegamos en las aguas de la más absoluta injusticia. Que los autores del crimen no confiesen voluntariamente es comprensible. Ni les conviene ni la ley les obliga. Que no se les pueda coaccionar para que confiesen es propio de un Estado de derecho moderno.

Pero lo que no se puede entender bajo ningún concepto es que las leyes traten peor al delincuente que revela dónde está el cuerpo de la víctima que al que lo oculta. Es un modo perfecto de garantizar el dolor de la familia e impedir las honras fúnebres de los pobres restos. Ignoro qué medidas legislativas o judiciales pueden garantizar un cambio.

Pero es preciso que el asesino que oculte un cadáver pague por ello y vea limitada la redención de pena. Que no se vaya de rositas mientras los padres de la víctima lloran. Que se estimule la justicia.

Mientras las cosas permanezcan como están, ese anciano seguirá cavando en nuestras conciencias.