Música

Juan Zelada el crucero del éxito

De pianista en bares y barcos a triunfar en Inglaterra cantando soul en inglés, este madrileño presenta su disco en España Dónde: Sala Moby Dick. Avda. Brasil, 5. Madrid. Cuándo: 6 y 7 de noviembre. 21:00 horas. Cuánto: 10 euros

Hay quien busca parecidos a Zelada: Jamie Cullum, Jason Mraz, James Morrison, Paolo Nutini... siempre en parámetros buenrrolistas
Hay quien busca parecidos a Zelada: Jamie Cullum, Jason Mraz, James Morrison, Paolo Nutini... siempre en parámetros buenrrolistas

La mejor manera de contar una historia es hacerlo de forma clásica, sin experimentos, desde el principio. Juan Zelada (Madrid, 1981) empezó aporreando un Casio intentando hacer sonar «Great balls of fire», de Jerry Lee Lewis. «Y destrocé las teclas blancas. Y luego las negras», cuenta mientras devora el desayuno buffet de un hotel del centro de Madrid. Zelada trata ahora bastante mejor las teclas del piano. Tras editar su primer disco en el mítico sello Decca y lograr ser disco de la semana en la BBC2, vuelve a casa de gira por Bilbao (hoy), Vigo (mañana), Barcelona (día 5), Madrid (6 y 7), Valencia (8), Terrasa (9) y Murcia (10) y cuenta de paso una asombrosa aventura musical.

Sinatra y «fish & chips»
«Nunca he tenido formación de solfeo porque veía a los niños salir llorando de clase –cuenta Zelada–. Lo que me gustaban eran las batucadas improvisadas que hace mi familia después de las comidas, con los vasos o la cafetera». La música está en las costumbres de su infancia, que ha pasado por Hong Kong y Londres. De vuelta en Madrid, terminando sus estudios de Comunicación Audiovisual, llega una beca inesperada para estudiar en el LIPA, la escuela de artes fundada por Paul McCartney en Liverpool. Y la determinación musical de Zelada ya no tiene vuelta atrás. «Entré a trabajar en el piano bar del que hoy es mi manager. Él llevaba una especie de restaurante de ‘‘fish & chips'' muy lejos de mi casa. Él va escuchándome: entre un tema de Frank Sinatra y otro de Billy Joel, voy colando mis propias canciones, y animando el bar. No me dejan cantar, pero me da igual, y canto. Los clientes, que vienen de ver musicales del centro, dan palmas, se animan y organizamos buenas fiestas. Cuando él vio eso, se decidió: dejó el restaurante y nos lanzamos al mundo de la música, sin contratos. Seguimos teniendo un acuerdo verbal». Pero esa no es la primera vez que atendía peticiones de la audiencia... «Por decirlo de una manera dulce. A través de un agente, tocaba en cruceros por el Mediterráneo o por el Caribe. Hice ocho o nueve, por necesidad, para pagar el alquiler en el caso de que no me salieran bodas o bautizos... Pero solo aceptaba si eran de tres semanas, porque si no, acabas viviendo en el mar y yo quería tocar en los garitos de Londres, sentía que me perdía cosas. Cientos de personas con sus peticiones dan muchas tablas, pero en el fondo me gusta la indiferencia del público de Londres», explica Zelada, que creee que «están muy mal acostumbrados a ver tanto bueno y gente original . Se ponen enfrente de ti y se cruzan de brazos. Te miran fijamente, diciendo: ‘‘impresióname''. Yo siempre le echo mucho morro y les digo que no pasa nada por pasárselo bien. Suele funcionar», dice entre risas.

Zelada logró formar una banda, entera reclutada por amor al arte. Y como eran absolutamente desconocidos, consiguen descuentos (sí, descuentos) para grabar en los mejores estudios de Londres, incluido Abbey Road. Invierten sus ahorros en un EP, y llegó el hecho más afortunado de todas las casualidades de la vida de Zelada. Presentan a la BBC, siguiendo la filosofía del nada que perder, «Breakfast in spitafields», tema que gusta y termina convertido en «disco de la semana» en la cadena pública. Es decir, que suena unas 30 veces a la semana. Al mes siguiente, envían «The blues remain», y vuelve a ser elegida. Decca, el sello de Paul Simon, les ficha y publica «High ceilings and collarbones», el primer disco de Zelada, un combinado de soul cantado en inglés y editado por el sello más exigente. Un gol por la escuadra. Por cierto, que el título en inglés suena bien, pero en castellano parece que se ha roto el traductor de Google: «Techos altos y clavículas». «Son dos conceptos que marcan una especie de aspiración: tener un piso en el centro de la ciudad, con techos altos. Y la clavícula es una parte del cuerpo de la mujer que me encanta», explica. ¿Echa de menos Madrid? «Muchísmo. He vivido en muchos sitios, pero es mi casa. Simplemente vivo ahora donde tengo que estar».

 

Un billar con Amy Winehouse
En la increíble historia de Zelada hay muchos nombres propios, pero uno de especial recuerdo. Él estaba en la última gira de Amy Winehouse, como músico de los teloneros. «Un día insultaba al público de Birmingham, y, borracha, tiraba la guitarra y se marchaba a mitad del concierto. Y al día siguiente, en Glasgow, daba un espectáculo memorable. De ese cuerpecito salía una voz...», recuerda Zelada, que piensa la presión de la prensa rosa era «terrible». «Era excepcional, pero la única relación que tuvimos fueron un par de partidas de billar».