Teatro

Aprendiz de maestro

Autor: R. M. del Valle-Inclán. Dirección: Lluís Homar. Escenografía: Ll. Castells. Iluminación: A. Faura. Dramaturgia y composición musical: X. Albertí. Reparto: G. de Castro, E. Benavent, M. Rellán, J. Bosch, Á. Burgos, J. A. Egido, I. Ordaz, F. Albizu. Teatro María Guerrero. Madrid.

«En la vida existen muchos seres que llevan la tragedia dentro de sí y que son incapaces de actitud levantada, resultando, por el contrario, grotescos en todos sus actos». Valle-Inclán definía así el esperpento o género estrafalario. En ese espejo cóncavo de la realidad que es «Luces de Bohemia» se han mirado pocos pero grandes directores. Lo hizo Tamayo, tardío precursor en 1970 de un texto sin estreno español desde 1920. Y Lluís Pasqual en 1984. Se antoja un salto sin red para novatos y más si es en el CDN: era enorme el riesgo de trompazo contra los adoquines del Madrid revolucionario y tarambana de la nocturna Odisea de Valle. Lluís Homar envida y sale airoso porque capta la esencia de la obra, y porque no hace del esperpento una necesidad teórica, que a veces lleva al desastre. Es verdad que en algún momento de este hermoso viaje el sentimiento trágico pesa sobre el cómico. La penumbra de los Callejones del Gato y Gobernaciones, una urbe resuelta en columnas de libros –cautivadora la escenografía de Lluc Castells–, nos recuerda que no en vano Max Estrella es Malaestrella, víctima de la España negra que mata de hambre y frío a sus genios. Aunque Homar «deforma» poco, su apuesta es visualmente poderosa y contiene el olor y el rumor de una ciudad donde se debatían conservadores, obreros y anarquistas, y cuyas tabernas de Picalagartos poblaban estudiantes, poetas, periodistas y otras especies de mal vivir.

Flemático y patriarcal, el ciego escritor de Gonzalo de Castro es un clon del propio Valle y así lo borda, aunque se tome demasiado en serio a sí mismo. Don Latino, Sancho Panza del Quijote noventayochista, encuentra en Enric Benavent otro gran espejo. Como casi todos en un reparto equilibrado, desde el sentido Rubén Darío de Jorge Bosch a la dolorosa Madama Collet de Isabel Ordaz o la rotunda Pisa Bien de Nerea Moreno. Merece mención especial un rostro familiar y gran actor: Miguel Rellán lo mismo es anciano Bradomín que llano Don Gay o intelectual Don Filiberto, todos con talento y personalidad propia.