Antonio Sanz / Secretario General del PP-A: «Es preciso eliminar grasa política en la Administración»

«Hay que eliminar burocracia. Una Administración para cada competencia»
«Hay que eliminar burocracia. Una Administración para cada competencia»

El protagonista de Los Encuentros de LA RAZÓN fue ayer el secretario general del PP andaluz, Antonio Sanz, que analizó la situación de la comunidad y la de su partido, que enfila el último tramo hasta las elecciones autonómicas de marzo con posibilidades reales de gobierno. Una vitola de favorito que el «número dos» de la formación prefiere llevar con humildad, pisando suelo. El acto, patrocinado por el grupo Azvi, tuvo lugar en el Hotel Meliá Sevilla de la capital hispalense. Sanz estuvo arropado por la plana mayor del partido, encabezada por el presidente regional, Javier Arenas, y por el coordinador de política económica del PP, Cristóbal Montoro. En el aforo, representación de todas las provincias: los alcaldes de Huelva y Sevilla, Pedro Rodríguez y Juan Ignacio Zoido; el presidente provincial José Luis Sanz; o el máximo responsable de la Diputación de Cádiz, José Loaiza. El presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), Santiago Herrero, siguió atentamente la intervención del dirigente popular. El delegado de LA RAZÓN en Andalucía, Paco Reyero, que introdujo a Antonio Sanz, mosrtró una entrevista publicada en este periódico en julio de 2004, en la que Arenas señaló que «antes o después» sería presidente de la Junta.

Antonio Sanz subió al atril y estaban humeando aún los datos del IESA, que otorgan al PP una ventaja de 10,4 puntos respecto al PSOE de celebrarse elecciones autonómicas, lo que se traduciría en una clara mayoría absoluta de los populares. La tendencia ya quedó marcada en los resultados de las elecciones municipales de mayo y en las generales del 20 de noviembre, dos lances claves para el PP-A y tras los que salió, por primera vez en su historia, como el partido más votado en Andalucía. Sanz se encargó de recordar los datos: «Amigos y amigas, sin caer en la autocomplacencia, lo que ha ocurrido en Andalucía en seis meses sólo cabe en el calificativo de espectacular». No obstante, sabiendo que las encuestas y el exceso de optimismo los «carga el diablo» –más de una vez lo ha repetido–, adujo: «Pensarán ustedes que, con estos datos, lo tenemos todo hecho para marzo. Pues no es así. El mayor aliado del PSOE hoy es creer en el PP que todo está ganado. La mayoría absoluta, imprescindible para que el PP pueda gobernar en Andalucía es hoy, sólo, una realidad matemática derivada de los resultados de las generales. La extrapolación, como las encuestas, marcan el camino, nunca la meta. Todo lo demás forma parte del entramado especulativo, que anima, no voy a decir que no, pero que no resuelve la principal cuestión: ganar las elecciones autonómicas y hacerlo con una amplia mayoría».

«Los andaluces, por fin, hemos derribado tópicos políticos, como que aquí siempre ganaría el PSOE. Nos hemos sacudido la etiqueta sectaria del miedo y fuimos a las urnas como lo que somos: ciudadanos libres y sin complejos, tras 30 años de poder y propaganda socialista sobre la indestructible interdependencia PSOE y Andalucía».

Sanz, como ya ha hecho el presidente regional del PP en otras ocasiones, comparó la coyuntura actual con la de 1982 y los deseos de cambio que consiguió aglutinar bajo las siglas socialistas Felipe González. No es una mera especulación. Hay datos que lo apoyan. La encuesta del IESA conocida ayer, que financia la Consejería de Presidencia de la Junta, señala que más del 70 por ciento de los andaluces quiere que se produzca el cambio en Andalucía. «El 20 de noviembre, como en octubre de 1982, Andalucía volvió a posicionarse en la vanguardia del cambio en España. En mayo de aquel año, los andaluces votaron al PSOE en sus primeras elecciones autonómicas. Se anticiparon así al triunfo socialista en las generales de aquel año, celebradas unos meses después, en octubre, y que supusieron un hecho histórico. Ahora nos encontramos con el mismo proceso, pero a la inversa: serán las generales las que anticipen el cambio en la Junta de Andalucía».

El «número dos» del PP-A, que felicitó a este periódico por analizar antes de las elecciones generales «las razones del cambio», también expuso sus razones. Concretamente, diez de las principales reformas que vertebrarán la acción de un futuro Gobierno del Partido Popular. «Frente a quienes dicen que sólo hay una política posible, yo les digo que no, que existe una política alternativa clara, contrastada y eficaz, de resultados positivos, ya probada. Que tuvo entre sus protagonistas al mejor ministro de Empleo de la democracia y próximo presidente de la Junta, con un millón de empleos en nuestra tierra», en referencia a Javier Arenas. Medidas fiscales, recorte del gasto corriente o reducción de la burocracia etiquetan el paquete reformista de los populares.

La primera de las medidas es el equilibrio en las cuentas públicas, para lo que el PP pretende aprobar una «Ley de Disciplina Presupuestaria». En segundo lugar, una reforma de las administraciones públicas. «De todas», enfatizó Sanz. «Hay que eliminar burocracia. Es decir, una sola Administración para cada competencia. Es necesaria tambien una simplificación normativa, hacen falta menos y mejores leyes. Es preciso eliminar grasa política en la Administración y descansar la gestión diaria en los funcionarios. Con el gobierno del cambio, tendremos el gobierno más reducido de nuestra historia autonómica, con 9 ó 10 consejerías, como ha anunciado Javier Arenas. Desaparecerán el 50 por ciento de los altos cargos y delegados provinciales, y todos los directores generales serán funcionarios».

Un plan de recorte de todo el gasto corriente es el tercer pilar, aunque sin pisar la línea roja de la educación, la sanidad y los servicios sociales. «En los últimos años hemos gastado 3.500 millones de euros más del gasto corriente de lo previsto», mientras que «se han eliminado 4.800 millones de euros en las inversiones». «Reduciremos el gasto corriente, empezando por las subvenciones a partidos políticos, organizaciones sindicales y empresariales». La puesta en marcha de centrales de compra y servicios horizontales completa esta iniciativa.
Una nueva Ley de Hacienda «para impedir que un solo euro se gaste sin control» es la cuarta reforma. La quinta, una «racionalización del sector público en Andalucía, que nos cuesta hoy más de 5.000 millones de euros». En relación a la Ley de Reordenación del Sector Público, se posicionó claramente al señalar que «derogaremos los decretazos». «Las empresas públicas no deben duplicar ninguna función de la Administración», deslizó.

Una reforma fiscal con el objetivo prioritario de sacar de la asfixia financiera a las pymes es la sexta reforma a acometer.

La séptima, una «reforma profunda de la educación». El dirigente popular recordó que «hoy se invierte en Andalucía la mitad que en el País Vasco por alumno». «Se ha perdido la autoridad en los colegios. Tenemos que dotar a los profesores del concepto de autoridad pública». El bloque reformista lo completan los planes Andalucía Emprendedora y Concentra –el primero para fomentar el ánimo emprendedor en los colegios y el segundo para promover la unión de empresas–, además de «una apuesta fundamental por los sectores industriales y por el I+d+i».

«Y también un Pacto Europeo para la defensa de los intereses andaluces en Bruselas y de forma muy especial el cheque agrario». «No hay que olvidar que Andalucía recibe 1.600 millones de euros de los 5.300 que actualmente vienen a España en ayudas directas de la Política Agraria Común».

 

El PSOE, en sus «marcas más bajas»
Sanz se blindó de datos para criticar al PSOE. Se refirió a los resultados de los últimos comicios municipales y generales. «Hoy, el socialismo se ha situado en sus marcas más bajas del histórico electoral andaluz. Está en los parámetros de la preautonomía». En este sentido, recordó que en las elecciones de 1977, las primeras de la democracia, el PSOE obtuvo 27 escaños, en las de 1979, 23 escaños, mientras que en las recientes del 20 de noviembre se quedó en 25, perdiendo once, de lo que el PP andaluz capitalizó ocho. Aludió a las «políticas centristas» como la clave del éxito.