Muere Peces-Barba un «socialista de cátedra»

Falleció ayer en Oviedo, a los 74 años, a causa de una insuficiencia renal y cardíaca. Su perfil político estuvo marcado por su papel en la Constitución y porque nunca dejó la Universidad

MADRID-Gregorio Peces-Barba fue fiel en partes iguales a la política y a la docencia. Al Parlamento, del que fue presidente entre 1982 y 1986, y a la Universidad, que no dejó nunca, ni aun teniendo altas responsabilidades de Estado, algo que muchos compañeros no entendieron, como si dar clases a buena hora de la mañana le quitase colmillo político. Como conjunción de estas dos tareas, quedó dibujada su posición en la vida pública, una tarea que podría definirse como «socialismo de cátedra» a la manera de un Julián Besteiro, o , en expresión de su admirado Norberto Bobbio, al que visitó en su casa de Turín en 1997, «socialismo liberal».

En su caso, fue socialista paradógicamente por su compromiso con las ideas de la democracia cristiana, en donde empezó su militancia antifranquista en los años sesenta. En 1963 fundó, junto a Joaquín Ruiz-Giménez –con quien mantuvo una gran amistad y se unió a su democratacristiana Izquierda Democrática–, Pedro Altares y Javier Rupérez, «Cuadernos para el diálogo».

 Pero la síntesis de su trabajo político estuvo en su paso por la ponencia constitucional que redactó la Carta Magna. No fue un hombre de enfrentamientos –aunque sí de dialéctica directa– porque tenía recursos intelectuales para imponerse pero también para llegar a acuerdos con sus adversarios, siempre y cuando éstos tuviesen los mismo recursos, como así lo supo ver Manuel Fraga, otro ilustrado que compartió comisión constitucional, pasión política y devoción por la docencia.

Fallece así el cuarto «padre» de la Constitución, después de Gabriel Cisneros, Jordi Solé Tura y Manuel Fraga. Formaba parte de una estirpe de políticos marcados por la Transición, que ejercieron la política siempre en sede parlamentaria, haciendo leyes, con mucho sentido del servicio público y del diálogo. Así lo reconocieron ayer muchas voces de todo el arco parlamentario.

En horas de obituarios, basta ver sus fotografías fumando un habano en el escaño para entender que ser diputado en los primeras legislaturas era una actividad que se vivía con ansia pero sin prisa. El actual presidente del Congreso, Jesús Posadas, dijo ayer que para Peces-Barba el «Congreso era su casa».

Su actividad política se ha mantenido siempre en la duplicidad marcada por el Derecho y el Parlamento. Estudió en la Complutense de Madrid, ejerció a partir de 1962 de abogado, se las tuvo que ver ante el Tribunal de Orden Público, asistió a los condenados a muerte en el Proceso de Burgos, fue detenido y en 1972 se afilió al PSOE.

Siempre profesor
En 1977 fue elegido diputado por Valladolid y en 1982 fue nombrado Presidente de las Cortes sin ningún voto en contra, puesto que abandonó en 1986. De nuevo volvió a la Universidad, a la cátedra de Derecho Natural y Filosofía del Derecho de la Complutense. Una de sus tomas de postura más trascendentes fue cuando en el congreso socialista de 1979 se alineó con las tesis de Felipe González que propuso –amenaza de dimisión por delante– que el PSOE abandonase el marxismo como marca ideológica.

Pero su salida del Congreso no fue una retirada de la política, por lo menos tal y como él la concebía. Sus esfuerzos se centraron en la creación de la Universidad Carlos III, en Getafe, Madrid, una institución que él ayudó a levantar y que siempre reconoció como una de las aportaciones de las que se sentía más orgulloso. La otra era la Constitución de 1978. Fue rector desde 1990 hasta 2007. En 2004 Rodríguez Zaptero le nombró Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, una de sus responsabilidades que han levantado más polémica por sus desencuentros con este colectivo.

Gregorio Peces-Barba falleció en el Hospital Universitario Central de Asturias (estaba pasando unos días en Ribadesella), donde permanecía ingresado desde la semana pasado por una insuficiencia renal que se había complicado con problemas cardíacos. La capilla ardiente se instaló ayer por la noche en su casa de Colmenarejo, Madrid, que su familia ha declinado que el cuerpo fuese velado en el Congreso de los Diputados tal y como le habían ofrecido.