La depresión argentina

El drama argentino se hizo carne en cuartos cuando su bestia negra, Alemania, devoró mitos y héroes albicelestes de la talla de Messi. Y es que aunque Dios es argentino, los germanos demostraron tener más equipo. Vuelve la depresión a un país que soñaba con que Maradona llevara la albicelete a la gloria mundial.

La Razón
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El drama argentino se hizo carne en cuartos cuando su bestia negra, Alemania, devoró mitos y héroes albicelestes de la talla de Messi. Y es que aunque Dios es argentino, los germanos demostraron tener más equipo. Vuelve la depresión a un país que soñaba con que Maradona llevara la albicelete a la gloria mundial.

«Argentina dijo adiós tras un golpe durísimo», tituló el matutino «Clarín» en su página de internet, apenas terminado el encuentro. «Alemania, implacable, golea a Argentina». Algunos medios online como Infobae criticaban la crueldad de la «pluma» española al referirse a la derrota con apelativos como «vergüenza, masacre o humillación».

Sin embargo, y aunque algunos medios prefirieron guardan un tiempo de duelo, otros periodistas locales rompieron la tregua firmada durante el Mundial y empezaron a despellejar a Diego Armando Maradona y a especular sobre su futuro. La encuesta que Misión Mundial publicaba era clara: «Si se toma en cuenta que dirigió 24 partidos (13 de ellos, oficiales) y consiguió un porcentaje de productividad del 75 por ciento de los puntos (18 triunfos y apenas 6 derrotas), se puede entender, que casi el 55 por ciento de unos 20.000 votantes opten por la prolongación del contrato del actual técnico».

En su editorial, el diario «Clarín» apuntaba: «Julio Grondona no pagará el costo político de echar a Maradona, un referente popular. Hoy por hoy, Diego está más afuera que adentro. No sólo por el peso de esta decepción. También, porque el grupo ya no lo respalda como al principio del Mundial. Ninguno de los jugadores que habló se la jugó por la continuidad del entrenador. ¿Continuará? Del imprevisible Diego depende. Como cuando jugaba».

Especial crónica del olvido merece, el sábado, día de la tragedia. Frente al Obelisco, el monumento tradicional de la capital argentina, miles de personas se reunieron frente a una pantalla de TV gigante, la más grande de América Latina con 900 metros cuadrados, pero la desolación los invadió ante la contundencia germana. «Nos ganaron bien, nada que decir, los felicito», dijo una jovencita con lágrimas en los ojos y sus mejillas pintadas de celeste y blanco. «Igual que a Brasil, nos queda el Mundial de 2014, que será cerca», deslizó un hombre, con su nieto de la mano, a modo de sutil esperanza en un mediodía con sol y temperatura agradable en Buenos Aires.

La multitud, que también se agolpó frente a pantallas gigantes en la recoleta Plaza San Martín y en el Parque Centenario, una zona más alejada del centro, se retiró en silencio con la pesadumbre de una goleada letal en el Mundial de Suráfrica, después de un comienzo del día desbordado de ilusión y hasta cercano a la euforia.

Las típicas discusiones por partido, los rendimientos de los futbolistas y la estrategia de Maradona seguían en bares y restaurantes, pues el partido terminó justo a la hora del almuerzo en la ciudad, pero bajo una fiera pesadumbre. A nadie le quedaron ganas de «armar» un asadito.

«Se terminó la ilusión» era la leyenda que mostraban todavía ayer en reposiciones masoquistas la cadena de TV C5N, mientras Todo Noticias mostró algunos altercados y corridas en reuniones en la vía pública de hinchas en Córdoba, 800 kilómetros al norte de Buenos Aires.

El único consuelo que les queda a los argentinos es que finalmente Maradona no cumplirá su promesa de desnudarse y desfilar en el Obelisco de Buenos Aires aunque tampoco lo hará la modelo Luciana Salazar que aseguraba iba a seguir sus pasos.