La fábrica de la sangre de EE UU

Los laboratorios farmacéuticos Grifols de Barcelona, que trabajan con plasma, son unos de los lugares estratégicos para la seguridad de Estados Unidos 

Trabajadores en el laboratorio Grifols, en Barcelona
Trabajadores en el laboratorio Grifols, en Barcelona

Un trabajador del laboratorio Grifols en Barcelona siente, desde esta semana, como si alguien le observara con cuidado. Y es verdad: ha descubierto que Estados Unidos se preocupa por él mucho más que por cualquier otro trabajador de la competencia. Un empleado de Grifols tiene, por tanto, motivos para sentirse importante. Según han revelado los cables de Wikileaks esta semana, estos laboratorios de Barcelona son tan esenciales para la seguridad del país norteamericano como lo puede ser el canal de Panamá, la frontera de Estados Unidos con México, el petróleo de Arabia Saudí o la industria alemana. O también el Estrecho de Gibraltar y el gasoducto que desde Argelia trae el gas a España. La empresa del perseguido Julian Assange ha hecho público que para Estados Unidos esas dos zonas de España le preocupan especialmente. Esas dos y otra que está en una zona industrial de Barcelona: Grifols, laboratorios farmacéuticos.

¿Objetivos terroristas?
Con esas revelaciones quizá los que vayan mañana a Grifols se crean más seguros. O justamente lo contrario. «Los lugares estratégicos pueden ser objetivos de grupos terroristas», cuenta Javier Jordán, profesor de Ciencia Política en Granada y experto en Seguridad. «También es verdad que es muy difícil que tengan éxito y que casi nunca lo intentan. Las zonas esenciales para la seguridad están rodeadas por varios cinturones de protección, que hacen muy complicado su acceso y normalmente los terroristas no están bien preparados para conseguirlo. El terrorismo islamista, que es el que asusta ahora mismo, se divide en pequeñas cédulas que buscan el mayor daño con el menor gasto posible. Y en los lugares estratégicos que señala Wikileaks eso casi es misión imposible de lograr».

Pero se sabe que en 2002 el Estrecho de Gibraltar sufrió un complot. Se había preparado una planificación para cometer atentados suicidas en esa zona. La Policía paró ese plan y los barcos que cruzaban el Estrecho pudieron navegar con tranquilidad. Ese el motivo por el que Estados Unidos ha situado un control en el sur de Italia para poder vigilar mejor esa zona caliente.

Grifols queda bastante lejos de eso, pero no de los planes de seguridad estadounidenses. La clave de tanta preocupación está en el Feblogamma, un producto que es vital para quien sufre inmunodeficiencias. En 2006, Grifols consiguió la licencia para comercializar el producto en el país y aún está por lograrla en Europa. Hablando en jerga médica, el feblogamma es inmunoglobulina de uso intravenoso. O sea, que es un fármaco derivado del tratamiento de plasma, con aplicaciones terapéuticas y que hace la vida más sencilla a miles de personas en Estados Unidos.

Así leído no parece tan importante como realmente es para muchas personas. «Tiene muchas proteínas que son fundamentales para la gente con deficiencias. Las necesitan para llevar una vida normal. El tratamiento consiste en reponer esas energías. Un ejemplo extremo de alguien que sufre una inmunodeficiencia es el ‘‘niño burbuja''. Son personas con enfermedades crónicas y esto les ayuda a vivir mejor», cuentan desde el laboratorio.

«Para nosotros sí son estratégicos», asegura Salvador Diego, de Aedip, la Asociación Española de Déficits Inmunitarios Primarios. Con estos productos sus perspectivas de vida cambian. Pueden disfrutar como hace el resto del mundo. «Nosotros carecemos de defensas y los productos de estos laboratorios nos las proporcionan. Es el único modo que tenemos para poder hacer nuestras rutinas».

Salvador cuenta que tiene que ir al hospital con frecuencia, pero que empresas como Grifols ayudan a que sus bronquios y sus pulmones puedan ejercer sus funciones y ellos puedan moverse con normalidad. «Es verdad –continúa– que decir que ese laboratorio es estratégico para Estados Unidos puede que sea exagerado y también que sea más un asunto económico que otra cosa. No sé, a mi me parece muy fuerte y tampoco sé mucho de estos asuntos, pero te aseguro que para nosotros sí que estos fármacos resultan fundamentales».

Grifols se fundó en 1940. Era un laboratorio familiar, que después superó fronteras como muy pocas entidades lo han logrado en España. Según un hematólogo, siempre ha sido una empresa ejemplar en España, donde apenas tiene competencia y ha sabido expandirse con tranquilidad y sin grandes aspavientos. Ahora mismo está en más de 20 países y según sus propios datos su facturación supera los 730 millones de euros hasta el tercer trimestre de este año, un aumento del 7, 1%. Pese a que no ha sido un laboratorio con un perfil público, la compra de Plasmacare en Estados Unidos hizo que saltara a los periódicos y que los inversores comenzaran a preguntar por ese laboratorio. La compra este verano de Talecris, uno de sus competidores, fue el siguiente paso fundamental.

Productos estratégicos
Los recursos farmacéuticos no pasan inadvertidos para la seguridad de los países. El profesor Daniel Sansó-Rubert, de la Universidad de Santiago de Compostela, asegura que tan importante como controlar el paso de barcos y submarinos por el Estrecho de Gibraltar, es tener controlados a las empresas que fabrican medicamentos, tanto para la vida civil como para la militar. «¿Has tomado alguna vez un antigripal del ejército? Supongo que no. Pero si tomas uno, tardarás mucho menos en recuperarte que si tomas los que consume todo el mundo». Grifols vende sus productos, aunque no vigila a quienes van dirigidos después.
El laboratorio es el cuarto productor de hemoderivados, está en el Ibex 35 de la bolsa de Madrid. Y en Estados Unidos hay alguien que tiene un ojo puesto en ellos, por si acaso. «Nos ha sorprendido un poco vernos en una lista así, aunque está claro que determinados productos, como los hemoderivados o los antibióticos, son estratégicos. Aparecer como un lugar esencial para Estados Unidos no nos incomoda, pero tampoco nos hace sentirnos unos héroes».

En Grifols suponen que las empresas que hacen lo mismo que ellos tienen el mismo rango para la seguridad del país. La ventaja de convertirse en estratégica tendría que hacer de Grifols una empresa difícil de quebrar pero, según aseguran en los laboratorios, aunque la crisis en ese sector se nota algo menos, la están padeciendo como cualquier otro.
Para los laboratorios catalanes, lo más importante es la sangre, que es donde comienza todo el proceso, la base de su labor. Ésta se obtiene mediante donaciones o bien, en Estados Unidos, pagando por cada extracción. Después la sangre se analiza en el laboratorio para evitar que esté contaminada. El siguiente paso es almacenarla a una temperatura de -30 grados. Y es en las plantas de producción de hemoderivados de Grifols donde se trata para obtener el producto tan esencial. De Estados Unidos llega el 85% del plasma, un total de unos tres millones de litros anuales.

Todo esto es lo que han estado haciendo diariamente durante años. Es la rutina diaria con la que se ha convertido en una empresa mundial, poderosa más allá de las fronteras españolas. Ahora seguirán haciendo lo mismo, lo se siempre, pero con una pequeña diferencia: el país más poderoso, el que tiene más músculo del mundo, los observa, porque les necesita. Son su sangre.