Triste adiós

La Razón
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La izquierda tiene una habilidad especial para aparentar que le son ajenas las responsabilidades propias. Y ayer lo volvió a demostrar el por poco tiempo Presidente Zapatero en el Debate del Estado de la Nación, que más pareció un debate de presupuestos. Tenía a su favor la indulgencia que se despliega ante el perdedor, con el que se va; y por eso fue recibido con una ovación de «torero, torero» por su grada, pero ni así pudo ganar el embote. Abrumó con cifras y datos imposibles y abusó de peticiones de principio y afirmaciones poco ajustadas a la realidad. Es más, en algunos momentos daba la impresión de que se refería a otro país. Habló de la «recualificación» de parados para reincorporarlos a un mercado laboral inexistente o de la reintegración de jóvenes que «abandonaron sus estudios en el periodo expansivo». Eufemismos y palabras huecas, como las reformas vacías que ayer volvió a mencionar y que nunca ha llegado a completar. Se empeñó en comparar la España actual con la del 2004 para hacernos creer que las becas se han duplicado o que exportamos mucho más, pero ocultó que es gracias a la reducción de salarios lo que ciertamente disminuye los costes, pero asfixia el consumo interno. Y no se le movió un pelo de la ceja cuando se enorgulleció del 3,6% de la subida del IPC frente al 1,4% del salario mínimo. Ante tanta palabrería hueca y cifras inexactas, Rajoy no quiso entrar al trapo e insistió en la necesidad de celebrar elecciones cuanto antes para recuperar la confianza.