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Albert Boadella: «Hemos creado una generación de niños mimados»

El fundador de Els Joglars vuelve a subir al escenario «El nacional», un montaje crítico que radiografía el teatro y la sociedad, claro.

El actor Ramón Fontserè en «El Nacional»
El actor Ramón Fontserè en «El Nacional»larazon

MADRID- Un acomodador, un sueño, un coliseo en ruinas y una corte de indigentes. Son los protagonistas de «El nacional». Albert Boadella reestrena el próximo jueves, y 18 años después, esta obra. Esta vez en el escenario del Nuevo Teatro Alcalá de Madrid. Pero, ¿sigue siendo el mismo texto de entonces? El director sonríe: «Si Shakespeare representara "Hamlet"después de ese tiempo no sería el mismo "Hamlet"que conocemos hoy».

–¿Qué novedades introduce?
–Sobre todo la experiencia de los actores. Han sido 18 años mayores. La soprano Begoña Alberdi, por ejemplo, hoy está consagrada. El punto común es que en ese momento vivíamos la crisis del 93 y ahora la crisis de 2008 a 2020.

–¿Mantiene la carga crítica?
–A las ambiciones de la gente del teatro, la relación con la Administración... muestra el mundo interior del teatro, de la ópera, y cómo todos acaban en el divismo y el camino del teatro se destruye. Este despilfarro en el que ha caído el mundo operístico ha acabado con todo. En el fondo es un canto a la libertad del artista frente al artista vendido.

– ¿No es optimista con la ópera?
–El mundo operístico en la forma en la que está ahora tiene un plazo limitado, porque obviamente con dinero público no se puede hacer, sobre todo, si es sólo para una minoría. El dinero es de todos los contribuyentes. Además se ha convertido en un parque temático. Ha desaparecido la poesía, la esencia del canto. Puede la arquitectura de la escenografía.

–¿En qué afecta esa tendencia?
–Hay una tendencia al teatro temático porque hoy todo es una exhibición de la tecnología. En la danza contemporánea predominan las proyecciones, cuando con un bailarín de flamenco en el escenario bastaría. También existe un teatro de calidad, porque en el teatro siempre existe más polémica. Pero en la ópera todo consiste en ver quién la hace más gorda. Ahí tiene «San Francisco de Asís», y con una música que no es sencilla para el espectador. Pertenece a un club de coleccionistas.

–Su teatro demuestra que siempre ha sido un inconformista. ¿Cómo ve a los jóvenes hoy?
–Todos somos responsables de no haber transmitido a los jóvenes unos valores sólidos a través de la austeridad. Somos responsables de destruir esta generación, quizá por reacción a lo que habíamos vivido. Pero hemos creado una generación de niños mimados que al crecer se han encontrado que la vida es dura, y ahora se sienten desprotegidos.

–¿Que piensa del 15-M?
–Tomar la calle con un cuestionamiento de la democracia me parece el preámbulo del totalitarismo. Cuando alguien dice cómo debe funcionar la sociedad, me acojono. No quiero decir que tengamos que conformarnos, pero tampoco tergiversar las cosas. Si el 15-M hubiera permanecido en silencio y no hubiera hecho nada, sólo con una actitud silenciosa, se hubieran unido a ellos cientos de personas. Pero cuando han hablado, no han dicho nada que desconozcamos ni nada para mejorar la sociedad. La auténtica democracia está en el Parlamento, nos guste o no. Ahora, puede haber mejoras.

–En su obra, el teatro acaba siendo un banco. ¿Qué opina de la crisis?
–No existe la inocencia en la ciudadanía, a no ser que tengas casi diez años. Todos los ciudadanos somos responsables. Unos más que otros, claro, según las responsabilidades. La actitud cívica y moral en Occidente durante los últimos decenios explica la situación en la que nos encontramos y nos conduce al becerro de oro. Se ha buscado una felicidad cara y yo siempre he creído en una felicidad barata. La gente se ha entregado a una exhibición de casas, coches, vestidos. Quizá ahora entiende que se pueda disfrutar sólo del sol y con tu pareja. Y que eso es maravilloso, que puede ser una felicidad al cien por cien.

–Con la crisis regresa la tensión territorial. ¿Le suena?
–El peor problema que tenemos es el territorial. Que los catalanes no se sientan españoles es de locos, cuando los catalanes y los cántabros hemos sido creadores de España. Esta es una dificultad colectiva. Cada español ve una España. Es difícil conciliar eso. España es un caos de lenguas, climas, costumbres. Se necesita un impulso colectivo. Quizá si los españoles hubiéramos luchado juntos contra Hitler... pero como salíamos de una Guerra Civil. Creo que siempre tendremos que apechugar con esta enfermedad.


Cincuenta años no son pocos
Dramaturgo, aunque reivindique el papel de cómico. Albert Boadella creó Els Joglars en 1961. España, desde entonces, ha vivido una dictadura, una transición, una democracia y la deriva de una democracia. Bien pensado, lo más consistente que ha habido en España en estos 50 años de historia ha sido esta compañía. En los ojos de su fundador brilla una historia única en Europa, donde apenas existen compañías privadas que disfruten de esta longevidad. Por el teatro, Boadella ha conocido la cárcel, el exilio, el destierro de Cataluña y hasta el intento de un loco que pretendía atentar contra él. ¿Su pecado? Hacer teatro. Mejor dicho, hacer teatro crítico. Peor aún: hacer teatro crítico con humor, que es ya el colmo de la irreverencia, porque el humor, cuando es humor auténtico, es sinónimo de inteligencia, algo que muy pocos consienten, que muy pocos perdonan, incluso hoy en día.