La persiana de ETA

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Cada vez que alguien nos quiere vender la inminente disolución de ETA, nos topamos con la chusca paradoja de que es ETA la primera que se encarga de darnos la razón a los que denunciamos la pantomima. Si no se le ha podido arrancar a Bildu una triste condena del terrorismo; si el sector más político y «presuntamente civilizado» de ese colectivo bestial no cree que los crímenes de ETA merecen la reprobación, y no se esfuerza ni en mentir siquiera, ¿qué podemos esperar de los activistas de la propia banda? Antes que hacer el menor amago en esa dirección, lo que está haciendo Bildu es legitimar la historia de sangre de ETA. Este hecho es el realmente grave, y ante el que no se está sabiendo reaccionar, entre otras cosas porque hay quienes, quizá con buena voluntad pero con la cabeza confusa, mezclan en su denuncia del carácter criminal de Bildu otras provocaciones de menor contenido penal. Que Bildu se pronuncie contra la Vuelta Ciclista o contra la Guardia Civil; que mueva el retrato del Rey o la bandera española de un ayuntamiento, son hechos hasta «previsibles» que tendrán su gravedad, y en determinados casos hasta su carácter delictivo, pero que no tocan el asunto que nos ocupa, el que justifica y demanda su inmediata ilegalización. Lo grave es la ausencia de esa condena. Lo grave es que no han desperdiciado un minuto para ponerse a reivindicar y homenajear a los presos de ETA, o sea, a quienes cumplen condena por el delito de terrorismo. Lo grave es que uno de sus portavoces, Pello Urizar, acaba de explicitar públicamente el chantaje al Estado democrático al plantear que «ETA necesita unos mínimos argumentos para cerrar la persiana terrorista». ¿Qué más argumentos necesitamos nosotros para cerrarle a ETA la persiana política?