La División Azul se tiñe de rojo

La gente muere en las guerras. Los españoles que se alistaron, más o menos voluntarios, en la División Azul para luchar junto a los alemanes en el frente ruso asumían esa posibilidad. Pero ni siquiera entre bombas y fusilamientos se puede dejar impune a un asesino en serie. Por eso al soldado Arturo Andrade (Juan Diego Botto), ayudado por el sargento Espinosa (Carmelo Gómez), le encargan averiguar quién está dejando un rastro de divisionarios degollados con mensajes grabados a cuchillo en la piel. La premisa de la novela de Ignacio del Valle («El tiempo de los emperadores», Alfaguara) era tentadora: un «noir» en las tropas con las que Franco dribló a Hitler, que le exigía involucrarse en la guerra mundial.

Rodaje en Lituania
Con ese material, y 4,5 millones de euros, Gerardo Herrero ha firmado su película número quince como director. «El thriller me permitía hablar de la División Azul. Aunque el tema principal de la película no es ésta, sino la investigación», cuenta Herrero. En cualquier caso, entre asesinato y asesinato, él pudo dibujar la rutina del frente: «Me permitió reflejar la sociedad: la vida, el campamento, las relaciones... y fui incorporando cosas en la escritura, aparte de la base de la novela de Ignacio. Por ejemplo: la mala relación con los alemanes. O cómo es la dureza de la guerra, con escenas como el fusilamiento de dos hermanos. Casi todo lo que está contado es real». Para lograr verosimilitud, además de trabajar con muchas fotografías y contar con una cuidada dirección artística, Herrero se fue a Kaunas y Vilna, en Lituania, y rodó durante seis semanas con temperaturas de 20 bajo cero. «Silencio en la nieve» es un filme épico raro de ver en la cinematografía española. «Me encantaría que hubiera más –reconoce Herrero–, porque me gustan y querría poder hacerlas». Pero, lamenta el director, además de conocido y veterano productor, «no hay dinero para ello. Ésta me ha costado muchísimo trabajo y si no llega a ser porque yo soy el director, no la saco adelante. Me ha llevado tiempo, dedicación, viajes, conseguir dinero fuera de España... Es un problema económico». Lo cierto es que él la ha hecho, con esfuerzo e imaginación. ¿Por qué no se ruedan más? «La película la he tenido que hacer con unos medios muy pequeños para lo que necesitaba. Tuve que aplicar toda mi experiencia, mi equipo, trabajar a lo bestia para poder hacerla por 4 millones de euros. Es poco dinero. Estas películas necesitarían 8 o 10. Eso la industria española, el mercado, no lo permiten: ni por lo que pagan las televisiones ni por lo que pagan los espectadores. El cine español está pensado para hacer una película con un máximo de tres millones. A partir de ahí, tienes que salir a buscarlo fuera». Sobre cómo impulsar esa industria, ahora que hay nuevo Gobierno y directora del ICAA recién nombrada, pide prudencia: «Aún no han anunciado la política de verdad. Hay titulares de cómo va a ser, pero se debe respetar hasta que hagan el planteamiento».

 

Sin sesgos
Rodar una película sobre la División Azul (en la foto, una imagen real) que no resultara maniquea fue un reto para Herrero: «Ha sido mi obsesión. Espero haberlo logrado. Me ha parecido un tema apasionante. Mi conocimiento de la División Azul era muy leve cuando empecé hace tres años. Ahora sé mucho, sin ser un historiador», explica.