CRÍTICA DE CINE / «Entre lobos»: Tarzán visita Córdoba

Direc. y guión: Gerardo Olivares. Fotografía: Óscar Durán. Intérpretes: Manuel Camacho, Sancho Gracia, Juan José Ballesta, Carlos Bardem. España, 10. Duración: 100 min. Aventuras.

Esta película, que podría titularse «Tarzán de los lobos», quiere celebrar la comunión entre el hombre y la naturaleza a partir de la historia real de Marcos Pantoja, que vivió entre lobos durante los 12 años que considera los mejores de su atribulada existencia. No estamos, pues, en el universo de un Gaspar Hauser, porque aquí el aislamiento social es una ventaja: la España del caciquismo franquista no trataba especialmente bien a las clases desfavorecidas. Sin embargo, a Gerardo Olivares no le interesa tanto el sustrato político como el antropológico, de manera que su película se acerca más a «El hombre y la tierra» que a «Curro Jiménez». Hay ecos de la literatura de Jack London en «Entre lobos», aunque Olivares comete el error de dramatizar en exceso las aventuras del joven Marcos (no se fíen del cartel: Ballesta aparece sólo en la última media hora) en Sierra Morena.
Si se abusara menos de la música rimbombante, si los malos tuvieran más matices, si el debutante Manuel Camacho no pareciera haberse escapado de una película de Disney, podríamos hablar de «Entre lobos» como una sana anomalía en el panorama de nuestro cine. Pero lo más auténtico de la película son los lobos, los buitres, las cabras: en cuanto aparece un ser humano, por muy mono que sea, la película se derrumba.

Lo mejor: lo que tiene de documental sobre animales, en la mejor tradición de Rodríguez de la Fuente
Lo peor: que resulta excesiva la sentimentalización del vía crucis de este pequeño salvaje