Anne Sinclair pone en la calle a Strauss-Kahn

París- ¡C'est fini! Anne Sinclair no quiere ser más la sufrida esposa de Dominique Strauss-Kahn. Los incesantes rumores de crisis en una de las parejas más mediáticas de Francia se habrían materializado en la separación física de ambos, según la revista gala «Closer». Desde hace unas semanas, la periodista venía dando algunas pistas. Como cuando se dejó ver a primeros de junio, sola, en la proyección del último documental de su amigo común, el filósofo Bernard-Henri Levy. La última aparición conjunta se remonta a finales de abril. Ambos asistieron al cumpleaños de un conocido socialista francés provocando la estampida de figuras como Ségolène Royal que para evitar cruzarse con su colega de partido, abandonó inmediatamente el lugar del festejo. Ironía del destino, un céntrico bar de París, calzado entre dos sex shops y en plena calle Saint Denis, tradicional referencia de la prostitución. El desprecio manifestado entonces por sus camaradas socialistas ha supuesto la puntilla para Anne Sinclair. La popular periodista ha sido el mejor escudo, la más sólida defensa con que ha podido contar el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional durante estos largos meses de escándalos sexuales y procesos judiciales. Un indefectible e incomprendido apoyo, ampliamente criticado y cuestionado en todos los ámbitos. Hace poco más de un año que DSK, el que fuera el candidato preferido de los franceses a la Presidencia de la República antes de verse acusado de violación en el caso Sofitel de Nueva York, vive condenado al ostracismo. Soportando, como puede, el desdén de sus correligionarios que durante toda la campaña electoral han levantado a su alrededor una suerte de cordón sanitario por miedo de que su sola imagen pudiera ser un lastre para el partido. Con esta ruptura, Sinclair no sólo pone fin a veinte convulsos años de matrimonio, de innumerables episodios de infidelidad sufridos en la sombra y en silencio, sino al calvario que desde hace un tiempo supone vivir como unos «apestados», debido a la imputación de su adúltero marido por «proxenetismo agravado» en el caso Carlton.