Natascha Kampusch: «Si odiara a mi captor seguiría vinculada a él»

Nació: en 1988, en Viena.Por qué está aquí: Después de haber sido secuestrada durante ocho años, presenta el libro «3.096 días» (Editorial Aguilar), en el que relata su experiencia.

 
 

–¿Qué le motivó para escribir este libro?
–Algunos medios de mi país dudaron sobre mi versión porque no arremetí duramente contra mi agresor. Han contado muchas mentiras y han especulado. Necesitaba aclararlo todo para poder olvidar...

–¿Hubiera deseado que su captor siguiera vivo para haberse enfrentado a la Justicia?
–No sé si hubiera habido más justicia con Wolgang entre rejas. Tendría una condena, pero es difícil pensar cuál sería el castigo mejor. ¿Qué me compensaría el robo de mi infancia?

–¿Este libro ha servido de exorcismo o de terapia exprés?
–Supongo que sí. Pero no ha sido fácil, porque he tenido que revivir muchas cosas que aún me duelen.

–¿Siente odio hacia el que fue su secuestrador?
–No, pero tampoco significa que le disculpe. El odio sería otra forma de seguir vinculada a él, y no sentirlo me ayuda a superar esos ocho años de confinamiento.

–Pese a la experiencia vivida, ¿aún puede creer en el ser humano?
–El ser humano es complejo y capaz de todo. De lo mejor y de lo peor. Soy buena prueba de ello.

–¿Qué consejo daría a los padres de hijos desaparecidos?
–Es una situación muy dura y triste. No quiero generar esperanza y que se hagan falsas ilusiones. No todos los casos terminan como el mío.

–¿La «autoliberación» la hizo libre?
–Me pasó algo parecido que cuando estaba dentro de la casa. Pensé que ya era libre, pero la envidia y la incomprensión de algunos medios no me dejaban serlo.

–Después de haber vivido un infierno, ¿qué es lo mejor que le podría pasar?
–Es una pregunta que me hago casi todos los días y nunca he encontrado respuesta. Soy feliz a veces.

–¿Cómo vivió su familia esos ocho años?
–Una de mis hermanas lo dio todo por perdido. Mi padre pensó que mi madre estaba involucrada en la desaparición, pero la única que nunca dudó fue ella, que ni siquiera cambió de número de teléfono por si me decidía a llamar.

–¿Puede recordar algo positivo de su encierro?
–He logrado conocerme mejor a mí misma .

–La casa en la que fue retenida le fue concedida como compensación, pero ¿tiene pensado derribarla?
–No lo sé. Aunque taparé el zulo donde estuve encerrada.

–¿Qué tiene pensado para su vida a partir de ahora?
–Estudiar. El problema es que tengo una fuerte fobia social que lo dificulta todo.