Más aún si la noche es fría por Antonio PÉREZ HENARES

Más aún si la noche es fría, por Antonio PÉREZ HENARES
Más aún si la noche es fría, por Antonio PÉREZ HENARES

No hay rubí con el ardiente resplandor de un ascua de encina en la cama del fuego. Más aún si la noche es fría. No hay zafiro con el fulgor de esa llama azul pegada a la corteza cerca del corazón de la hoguera. No hay esmeralda como esa hoja bendecida por una gota de rocío. No hay plata que brille como la luna. Y al oro del sol no hay quien le pueda retar con la mirada.
Y son aún más hermosos porque son efímeros, porque sólo captaremos su belleza unos instantes y luego ya se habrán esfumado ante nuestros ojos, como si jamás hubieran existido. Porque a esa hermosura nunca podremos poseerla, ni siquiera tocarla, ni mucho menos intentar esclavizarla y hacerla «cosa» nuestra. Ni siquiera nos dejará tocarla.
Nos sobrecoge un atardecer no sólo por el impacto que hace a nuestra vista. Nos emociona aún más porque se nos escurre entre los dedos y se escapa a nuestros ojos. Donde antes había maravillosos resplandores y los colores más vibrantes a nada solo habrá negrura. Porque es pasajero, porque como el agua se nos escurre entre los dedos del alma y porque es, en el fondo, como nuestra propia vida, como cada momento de nuestra vida, es por lo que nos despierta tal emoción y sentimiento.
Por ello quizás amo tanto los rubíes, los zafiros y el oro que hay en el fuego de la hoguera. Y aún más si las noches son de luna fría.