Un fallo provoca la muerte de cinco artificieros militares

Un detonador hizo explotar antes de tiempo las minas con las que practicaban la eliminación de artefactos

Imagen de archivo de una operación de desminado en Hoyo de Manzanares
Imagen de archivo de una operación de desminado en Hoyo de Manzanares

MADRID- Año tras año, los cinco militares muertos ayer han trabajado con explosivos, minas y artefactos de todo tipo. Lo han hecho en España y en múltiples misiones en el exterior. Y rara vez, muy rara vez, los expertos en desactivación de explosivos sufren accidentes en su trabajo. De hecho, hay que remontarse a los principios de los ochenta para encontrar alguno en las Fuerzas Armadas. La minuciosidad, el cuidado y las extremas medidas de seguridad con que desarrollan su labor evita un mal que siempre, en esa especialidad, acaba en drama. Ayer, a las diez y media de la mañana, se produjo la excepción más trágica. Una explosión de «gran magnitud», en palabras de la ministra, Carme Chacón, acabó con la vida de dos infantes de Marina y de tres miembros de la Brigada Acorazada del Ejército de Tierra, dejando heridos a otros tres militares.

Dos equipos de desactivación de explosivos, uno de la Armada y otro del Ejército, realizaban una instrucción en el campo de maniobras del centro internacional de desminado. Juntos se disponían a destruir un número indeterminado de minas anticarro que carecían de detonador pero que sí contenían carga explosiva. Para ello, habían colocado pequeñas cantidades de explosivo para detonarlas a distancia. Algo falló (que es lo que ahora investigan las autoridades militares), las cargas estallaron antes de tiempo y provocaron la deflagración de las minas anticarro. En ese momento había alrededor de las minas unos dieciocho efectivos de ambos cuerpos. Cinco murieron en el acto, dos resultaron gravemente heridos y otro de carácter leve, mientras que el resto quedó aturdido pero sin daños físicos. Al no ser un ejercicio de desactivación y al estar programada la explosión del material para cuando todos estuvieran a una distancia prudencial del lugar, sólo iban equipados con casco y chaleco antifragmentos y no con el traje específico de los artificieros.

Fuentes militares consultadas por este periódico señalaron que las minas anticarro con las que trabajaban eran del modelo M-15, de origen norteamericano, con una carga explosiva que ronda los quince kilos, y que es la más común en Líbano. adonde iba a ir desplegados en el mes de abril el equipo de Infantería de Marina que trabajaba en esa instrucción. Los miembros del Ejército de Tierra colaboraban en el ejercicio. De hecho, algunos de ellos habían vuelto recientemente de Afganistán, donde habían desarrollado tareas de desactivación de minas y artefactos explosivos improvisados, que habitualmente utilizan los talibán en sus ataques.

Los expertos consultados por este periódico coinciden en señalar lo «extraño» del suceso. En este tipo de ejercicios, las medidas de precaución que se toman son extremas. Si se trata de desactivar un explosivo, sólo un especialista, enfundado en un traje específico para ésta tarea y dotado de un gran protección, se acerca al objetivo. El resto permanecen, como mínimo, a cincuenta metros y protegidos tras sacos terreros o alguna estructura. De ahí que en las primeras horas los expertos se asombraran por el número de bajas. La práctica habitual en el caso de que quien encuentre el explosivo no sea un especialista es balizar el lugar y establecer un perímetro de seguridad a la espera de los artificieros, y la primera instrucción que reciben es no tocar bajo ningún concepto el artefacto.

En el caso de prácticas de destrucción de material como la de ayer, las minas o los artefactos nunca están «cebados», es decir, llevan carga pero no detonadores, por lo que sólo en el caso de una explosión reaccionan, que es lo que ocurrió ayer. Sin un detonador o un detonante como otra carga, la trilita que habitualmente llevan estas minas es inerte e incapaz de producir ningún daño. Es más, aunque hubieran tenido detonador, las minas con las que ayer hacían prácticas los fallecidos y los heridos sólo estallan bajo una presión de varias toneladas, por lo que los militares no habrían podido activarlas presionando.

Visitas a El Goloso
Los dos heridos de carácter grave fueron trasladados en helicóptero al hospital Gómez Ulla, mientras que el herido leve fue llevado en ambulancia al hospital Puerta de Hierro de Majadahonda. La ministra, que suspendió su viaje a Bucarest, acudió a la academia de Hoyo de Manzanares acompañada por los jefes de Estado Mayor de la Defensa, José Julio Rodríguez, del Ejército, Fulgencio Coll, y de la Armada, Manuel Rebollo. Por la tarde acudió a visitar a los familiares de los fallecidos a la base de El Goloso, adonde también acudió el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.



ANÁLISIS
Un accidente excepcional

- ¿Qué medidas de seguridad adoptan los militares en estas prácticas?

–En caso de un ejercicio de desactivación de explosivos, llevan un traje especial y al artefacto sólo se acerca un militar. En caso de ser un ejercicio de destrucción de explosivos, se detonan a distancia mediante pequeñas cargas adheridas al material a destruir.

- ¿Todos los militares entrenan en desactivación de explosivos?
–Sólo los especialistas en esta materia, zapadores desactivadores y artificieros, se ocupan de esas misiones. Si un no especialista encuentra una mina o artefacto explosivo, baliza la zona, establece un perímetro de seguridad y avisa a los especialistas.

- ¿Qué falló ayer para que murieran cinco militares?
–El ejercicio consistía en la destrucción de minas mediante pequeñas cargas explosivas. Éstas debían ser activadas a distancia, pero alguno de los detonadores falló y estallaron antes de que los militates se alejaran de la zona.

- ¿Pudo estallar al ser manipulado por los militares?
–No. La carga explosiva es inerte sin un detonador. Se puede golpear e incluso quemar con un mechero sin que estalle, pero la deflagración de otro explosivo provoca la reacción en cadena. Una mina anticarro, además, necesita una presión de varias toneladas.