CRITICA DE CINE / «Kick-Ass listo para machacar» Poderes de mentira

Director: Matthew Vaughn. Intérpretes: Aaron Johnson, Chloe Moretz, Nicolas Cage. Guión: Jane Goldman y M. Vaughn, según el cómic de M. Millar y J. Romita. USA/GB, 10. Duración: 117 min. Acción.

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Como todo lo que tiene relación con la generación «youtube», «Kick-Ass» nace con los genes de la deconstrucción doméstica en pie de guerra. Dave Lizewski (Aaron Johnson) es el epítome del «nerd» –ávido lector de comics incapaz de relacionarse con chicas, etc.– que ha poblado tantas películas «teen» norteamericanas, pero algo le distingue de sus antepasados: quiere convertirse en superhéroe de andar por casa. Gracias a Youtube se transformará a su pesar en una celebridad, vestido con un traje que compró por internet. «Kick-Ass» introduce una estimulante variación en el género superheroico: los jóvenes del siglo XXI están predestinados a convertir la cultura popular en una sublimación del reciclaje «amateur» conjugada en primera persona. Esta idea, capital en el cómic de Mark Millar (también autor del cómic que inspiró «Wanted»), reformula ese sentimiento de diferencia tan caro a la adolescencia y tan propio del tebeo de superhéroes (ver, si no, al Peter Parker del «Spiderman» de Raimi) al quitarle los superpoderes; en fin, lo desmitifica, lo desnuda de parafernalias.

Es una pena que la factura de la película contradiga sus presupuestos teóricos: su aspecto de «blockbuster» de multisala apacigua su dimensión más subversiva. Por mucho que «Kick-Ass» se tope con dos superhéroes de verdad, justicieros urbanos que quieren vengarse de un capo de la mafia, y que uno de ellos sea una niña que no tiene nada que envidiar a la novia de «Kill Bill», la película entra en territorio pantanoso porque vende su alma al diablo. En cuanto «Kick-Ass» se entrega a una espiral de «set pieces» de acción, a cual más espectacular y violenta, su discurso sobre la metamorfosis de la figura del superhéroe en tiempos del «ready made» se apaga, y lo que queda es una curiosa, aunque insuficiente, vuelta de tuerca a un género que necesita reinventarse para resultar atractivo ante plateas que ya no creen en el hombre araña.

Lo mejor: el ánimo desmitificador que alienta si interesante deconstrucción del género

Lo peor: La falta de ritmo de su último tercio, propio del más convencional ‘blockbuster' superheroico.